Un error de latín creó al rey que decapitaba con el punto ciego

Durante siglo y medio se contó que Carlos II hacía desaparecer cortesanos con su punto ciego. La leyenda salió de una abreviatura latina mal leída…

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Durante siglo y medio se contó que Carlos II hacía desaparecer cortesanos con su punto ciego. La leyenda salió de una abreviatura latina mal leída…

Tienes un agujero en mitad de cada ojo y no lo has notado nunca. Se llama punto ciego, cae a unos quince grados hacia la sien y, con algo de distancia, da para tragarse la cabeza de quien tengas enfrente. El físico Jearl Walker tituló ese apartado sin adornos: «Decapitación con el punto ciego».

La parte jugosa vino después: durante siglo y medio se contó que Carlos II de Inglaterra se divertía haciendo eso mismo con sus cortesanos. Se lo inventó sin querer un matemático alemán al traducir mal una abreviatura latina.

¿Por qué tienes un agujero en mitad de la vista?

Porque por algún sitio tienen que salir los cables. Las fibras nerviosas de la retina abandonan el ojo por el disco óptico, un círculo de en torno a 1,8 milímetros sin conos ni bastones. Sin fotorreceptores no hay imagen: ahí, literalmente, no ves.

El hueco mide unos 5,2 grados de ancho por 6,1 de alto, medido por resonancia magnética funcional. Como la luna llena ocupa medio grado, ahí caben entre diez y doce lunas puestas en fila. No lo notas porque el otro ojo cubre la zona y porque, aun con uno cerrado, la corteza visual rellena el hueco copiando lo de alrededor: el mismo cerebro tramposo que vuelve rara una palabra de tanto repetirla.

¿Cómo se hace desaparecer una cabeza en una cena?

Cierra un ojo, fija la mirada en un punto y desplaza despacio la goma de un lápiz, con el brazo estirado, hacia la sien. Se esfuma. En The Flying Circus of Physics, Walker cuenta que el psicólogo Karl S. Lashley le sacaba partido:

Cuando el famoso psicólogo fisiológico Karl S. Lashley se veía obligado a soportar a un comensal irritante, se entretenía llevando su punto ciego sobre la cabeza de esa persona, decapitándola limpiamente.

Walker, eso sí, no cita fuente alguna: la anécdota es lo que parece, una historia de sobremesa.

Test del punto ciego: un círculo blanco a la izquierda y una estrella blanca de cinco puntas a la derecha sobre fondo negro
Cierra el ojo izquierdo, mira fijamente el círculo y aléjate o acércate: la estrella se esfuma. Imagen de Frisko, dominio público.

¿De verdad Carlos II decapitaba a sus cortesanos con la mirada?

No, y el origen del bulo está documentado. En 1668 el francés Edme Mariotte publicó el hallazgo, y ese mismo año salió en inglés en las Philosophical Transactions de la Royal Society de Londres, presentado por el secretario Henry Oldenburg.

Retrato barroco de Carlos II de Inglaterra con manto de la Orden de la Jarretera, junto a una esfera armilar, un telescopio y un globo terráqueo
Carlos II y los instrumentos de su patrocinio a la Royal Society. Art UK, CC BY 4.0.

De aquello quedó una anotación en latín: el experimento se hizo «coram S. Reg. Maj.». En 1776, el matemático Georg Simon Klügel leyó la abreviatura como Sua Regia Majestate, «ante Su Real Majestad», cuando decía Societate Regiae Majestatis: ante la Royal Society. Una reunión de sabios convertida en corte real por un renglón de latín.

Hermann von Helmholtz lo repitió en su tratado de óptica de 1867 y ahí quedó canonizado hasta que en 1939 el danés J. Brøns lo desmontó. Nature lo resumió al año siguiente: hay buenas razones para pensar que el rey nunca estuvo presente. Un error que aguantó siglos, como el sarcófago que hizo de maceta, porque nadie miró otra vez.

Decapitar cortesanos por gusto es adorno posterior, sin fuente alguna. Y tiene su punto que se le colgara a Carlos II: en esa familia hubo una decapitación de verdad, la de su padre Carlos I en 1649. Las leyendas bien contadas nunca eligen mal al protagonista.

Vía Futility Closet. La cita, en The Flying Circus of Physics (Wiley, 2006, p. 305); el desmontaje, en Nature 145, 383 (1940); Mariotte, en las Philosophical Transactions de 1668; las medidas, en Human Brain Mapping. Portada: ilustración de IA.