El acta que cerró la Segunda Guerra Mundial tiene tachones

Un coronel canadiense firmó una línea más abajo de la suya y arrastró al error a media delegación aliada. Hubo que corregir el documento a mano…

0
0

Un coronel canadiense firmó una línea más abajo de la suya y arrastró al error a media delegación aliada. Hubo que corregir el documento a mano…

El documento que puso fin a la Segunda Guerra Mundial se conserva con tachones, enmiendas manuscritas y unas iniciales al margen. Se firmó el 2 de septiembre de 1945 a bordo del acorazado estadounidense USS Missouri, fondeado en la bahía de Tokio, y el ejemplar que se llevó la delegación japonesa salió de allí corregido sobre la marcha porque un coronel canadiense firmó en el renglón equivocado.

Nueve delegaciones aliadas, cámaras de medio mundo y un protocolo medido al milímetro. Y un renglón de más.

¿Quién firmó donde no debía?

El representante de Canadá era Lawrence Moore Cosgrave, coronel y el militar de menor rango de una fila llena de almirantes y generales. Cuando le llegó el turno, estampó su firma una línea por debajo de la que le tocaba: justo en la reservada al Gobierno Provisional de la República Francesa.

La explicación que más repiten las crónicas es que Cosgrave había perdido la visión de un ojo en la Primera Guerra Mundial. Ninguna fuente la da por segura y hay quien apunta simplemente a los nervios de ser el de menor rango en aquella fila.

¿Por qué firmaron mal también los demás?

Porque detrás de él seguía la cola. El delegado francés firmó en el renglón de los Países Bajos, el neerlandés en el de Nueva Zelanda, y el representante neozelandés, ya sin línea que ocupar, acabó firmando en el hueco en blanco del final de la página.

Tres delegaciones aliadas firmaron en la línea de otro país. A la cuarta ya no le quedaba línea.

¿Cómo se arregló sin repetir el documento?

La delegación japonesa se dio cuenta y protestó: no pensaba aceptar un acta de rendición con errores. Lo resolvió Richard Sutherland, jefe de estado mayor del general Douglas MacArthur, que tachó los títulos impresos de los países, escribió a mano debajo de cada firma el que correspondía y añadió sus iniciales a cada enmienda para zanjar la discusión. Bajo la rúbrica de Cosgrave, por ejemplo, tachó French Republic y escribió Dominion of Canada.

Así fue como Japón se quedó con un ejemplar del fin de la guerra lleno de correcciones.

No es la única historia de la Segunda Guerra Mundial que se sostiene sobre un detalle menor: los británicos alojaron a los generales de Hitler en una mansión sembrada de micrófonos, y todavía hoy nadie ha descifrado el mensaje cifrado de una paloma aparecida en una chimenea de Surrey.

Copia aliada del acta de rendición de Japón, con cada firma en su renglón impreso y sin ninguna corrección
El ejemplar aliado, firmado sin un solo tachón. Imagen: United States War Department, dominio público.

¿Dónde están hoy las dos copias?

Cosgrave no repitió el fallo en el ejemplar aliado, que quedó impecable y se guarda en los Archivos Nacionales de Estados Unidos, en Washington. El japonés, el de las correcciones, sigue en Tokio, en el archivo diplomático del Ministerio de Asuntos Exteriores, y solo se ha mostrado al público en contadas ocasiones.

Ochenta y un años después, el papel que cerró la Segunda Guerra Mundial enseña la letra apresurada de un general haciendo de corrector. La guerra dejó rastros mucho más aparatosos —hasta un búnker tirado por un acantilado—, pero pocos tan humanos como un renglón mal contado.

Vía The Globe and Mail, Legion Magazine, HistoryNet, NPR y el Centro de Archivos Históricos de Asia (JACAR).

Foto de portada: el acta de rendición de Japón con las correcciones a mano, en una vitrina del Museo Edo-Tokio (2014). © Joe Mabel, CC BY-SA 3.0.