Huyó a Londres en 1774 y se vengó de sus paisanos publicando 45 leyes puritanas que la colonia de New Haven jamás llegó a aprobar. Y colaron…
En 1781, un clérigo anglicano exiliado en Londres publicó una historia de Connecticut con 45 leyes puritanas a cuál más disparatada: prohibido correr en domingo, prohibido afeitarse, prohibido que una madre besara a su hijo. La lista era un fraude: unas se las inventó y otras las deformó o las copió de otras colonias. Aun así colaron casi un siglo.
¿Quién se sacó de la manga las leyes azules?
Samuel Peters, rector anglicano en Hebron (Connecticut) y leal a la Corona, era el vecino equivocado en el peor momento posible. Sus paisanos independentistas le amargaron la vida y en 1774 embarcó rumbo a Inglaterra.

Desde Londres se tomó la revancha. En 1781 publicó de forma anónima —firmaba «un caballero de la provincia»— A General History of Connecticut, escrita para que el lector inglés viera a los colonos como fanáticos atrasados. El plato fuerte: una lista de leyes que atribuía a la antigua colonia de New Haven y presentaba, encima, como simple muestra de un cuerpo mayor.
¿Qué decían aquellas 45 leyes?
Peters no se cortó un pelo. Algunas, traducidas (para ellos, el domingo empezaba el sábado al atardecer):
- Nadie correrá en domingo, ni paseará por su jardín ni por ningún otro sitio, salvo para ir y volver del oficio con reverencia.
- Nadie viajará, cocinará, hará las camas, barrerá la casa, se cortará el pelo ni se afeitará en domingo.
- Todo varón llevará el pelo cortado en redondo, conforme a un gorro.
- Los casados deben vivir juntos, o ser encarcelados.
- Nadie leerá el libro de oración anglicano, ni celebrará la Navidad o los días de santos, ni hará minced pies, ni bailará, ni jugará a las cartas, ni tocará instrumento alguno salvo el tambor, la trompeta y el birimbao.
Ninguna mujer besará a su hijo en domingo ni en día de ayuno.
De la lista publicada por Samuel Peters, 1781
Y tampoco eran lo más raro del libro: el mismo volumen cuenta que los vecinos de Windham se despertaron una noche creyendo que los atacaban; el estruendo resultó ser una marcha de ranas. Peters lo fecha en julio de 1758; hoy se acepta junio de 1754.

¿Cuándo se destapó el engaño?
Tardó. El libro no fue ningún éxito, pero la lista se coló en recopilaciones legales, libros y prensa hasta confundirse con el Código de 1650, ese sí real. Para el desmontaje serio hubo que esperar a 1876, cuando el filólogo James Hammond Trumbull editó un volumen que contrastaba ley por ley las auténticas con las falsas. Ni por esas: un bisnieto salió a defenderlo al año siguiente.
Casi un siglo aguantando. Menos que el bulo del lecho de muerte de Darwin, y del mismo aire que esa leyenda nacida de una abreviatura mal leída o la caseta antibalas de Indiana.
¿Por qué en Estados Unidos siguen hablando de blue laws?
La venganza de Peters fracasó como historia, pero triunfó como vocabulario. El término blue laws ya circulaba décadas antes de su libro, y fue su lista la que lo puso en boca de todos: hoy en Estados Unidos se llama así a las normas que restringen el comercio o el alcohol en domingo.
Publicó 45 leyes que nunca se aprobaron y lo único que sobrevive es el nombre.
Vía Futility Closet. El original de 1781, en Project Gutenberg; el cotejo ley por ley, en Trumbull (1876); los códigos reales, en Connecticut History; Peters, en la New England Historical Society; las ranas, en el Mill Museum.




