Jamais vu: repetir una palabra 30 veces puede volverla extraña

Copiar la misma palabra una y otra vez basta para que empiece a parecer falsa: dos psicólogos lo provocaron en el laboratorio y ganaron un Ig Nobel…

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Copiar la misma palabra una y otra vez basta para que empiece a parecer falsa: dos psicólogos lo provocaron en el laboratorio y ganaron un Ig Nobel…

Coge un papel y escribe «puerta». Otra vez. Y otra. Hacia la trigésima repetición, a mucha gente le pasa algo incómodo: la palabra sigue siendo la misma, uno sabe perfectamente qué significa, y aun así empieza a parecer un garabato ajeno, casi de otro idioma.

Eso tiene nombre. Es el jamais vu, el reverso del déjà vu: la sensación de que algo que conoces de sobra se vuelve de golpe extraño e irreal. Y, a diferencia del déjà vu, que llega cuando le da la gana, este se puede provocar con papel y boli.

¿Qué es exactamente el jamais vu?

Jamais vu significa «jamás visto» en francés. Si el déjà vu convierte lo nuevo en familiar, el jamais vu convierte lo familiar en desconocido: una cara de siempre, una calle de toda la vida o —el caso más estudiado— una palabra corriente que de pronto no encaja.

Detrás del fenómeno llevan años Chris Moulin, psicólogo de la Universidad Grenoble Alpes (Francia), y Akira O’Connor, de la Universidad de St Andrews (Escocia). Su estudio, firmado junto a tres coautoras, les valió en 2023 el Ig Nobel de Literatura, el galardón que premia investigaciones que primero te hacen reír y luego te hacen pensar.

¿Cuántas veces hay que repetir una palabra para notarlo?

Menos de las que parece. En el experimento, publicado en la revista Memory, pidieron a 94 estudiantes que copiaran doce palabras distintas —desde una tan común como «door» (puerta) hasta rarezas como «sward»—, cada una repetida sin parar, y que se detuvieran en cuanto la cosa se pusiera rara. En torno al 70 % lo notó en algún momento, de media tras unas 33 repeticiones: aproximadamente un minuto escribiendo.

En una segunda versión usaron una sola palabra, el archiconocido artículo inglés «the». Ahí el 55 % tiró la toalla a las 27 repeticiones. El efecto asomaba sobre todo con las palabras más familiares, no con las raras.

«No parece correcto; casi parece que no es una palabra de verdad, sino que alguien me ha engañado para que crea que lo es»

Así lo describió uno de los voluntarios. Otro lo resumió más corto: «pierden su significado cuanto más las miras».

¿Por qué el cerebro apaga una palabra que conoce de sobra?

La explicación que manejan Moulin y O’Connor es la saciación semántica: al repetir un estímulo sin descanso, la representación mental de esa palabra se satura y deja de evocar su significado. Para ellos, el jamais vu sería lo que salta justo después, una comprobación de realidad que avisa de que la tarea se ha vuelto demasiado automática.

Dónde nace esa saturación sigue en discusión. Un trabajo publicado en 2024 en Communications Biology simuló la saciación semántica con un modelo computacional inspirado en la corteza visual y sugiere que el proceso podría empezar más abajo de lo que se creía: en el procesamiento visual, y no en las capas altas del pensamiento.

Moulin y O’Connor apuntan además un paralelismo con las comprobaciones repetidas del trastorno obsesivo-compulsivo, donde revisar una y otra vez lo mismo puede acabar tiñendo la escena de irrealidad.

El cerebro tiene más agujeros de los que admite: también te borra los recuerdos de antes de los tres años, se deja engañar por un zoetropo dibujado a mano y da por comestibles unas esculturas de vidrio.

Ya que estás: escribe «palabra» treinta veces seguidas. Nos vemos al otro lado.

Vía ScienceAlert, con datos de The Conversation, la Universidad de St Andrews y Communications Biology.