Cruzaron una cueva hace 14.400 años con ramitas de pino ardiendo

Grupo del Paleolítico camina descalzo con un perro por una cueva oscura alumbrándose con finas ramitas de pino encendidas
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Si tuvieras que adentrarte en una cueva profunda sin bombillas ni frontales, lo lógico sería agarrar un buen tronco, prenderle fuego y tirar para dentro. Pues resulta que no hacía falta tanto.

Hace unos 14.400 años, cinco personas y un cánido recorrieron la cueva de Bàsura, en Toirano (Liguria, Italia), alumbrándose con ramitas de pino de menos de dos o tres centímetros de grosor. Iban descalzos, y el más pequeño del grupo tenía unos tres años.

¿Por qué ramitas y no antorchas?

La respuesta la firma el equipo de Daniele Arobba en la revista Quaternary International. Analizaron 56 fragmentos de carbón recogidos en la Sala de los Misterios, la cámara más interna de la cueva: el 55 % correspondía al grupo del Pinus sylvestris —el pino silvestre— y del pino negro, casi todos de ramas jóvenes finísimas.

Después repitieron el paseo. Encendieron ramitas equivalentes, de uno y dos centímetros, y las llevaron por la cueva cronómetro en mano: al caminar, cada rama perdía unos cuatro centímetros por minuto, y con un par ardiendo había luz suficiente para que cinco personas avanzaran en fila india.

Una ramita de pino no deslumbra, no se consume a lo bestia y cabe en una mano. Para pasear por una cueva, es mejor herramienta que un tronco.

¿Quiénes cruzaron la cueva?

El retrato del grupo salió de las propias huellas —unas 180 marcas y trazas—, estudiadas por Marco Romano y su equipo en eLife en 2019: un adulto, un subadulto, un preadolescente de entre 8 y 11 años y dos niños, uno de unos tres años y otro de al menos seis. Todos con piernas y pies desnudos. En los tramos más apretados avanzaron a gatas y, según los autores, son las primeras huellas de gateo documentadas en el registro icnológico humano.

Que un crío de tres años estuviera ahí abajo dice bastante: no era una excursión de adultos con la familia esperando en la puerta.

Interior de las grutas de Toirano con estalactitas, focos de luz cálida en el suelo y una pasarela con barandilla metálica
Las grutas de Toirano hoy: pasarela, barandilla y focos eléctricos. Foto: Rinina25 / Twice25, CC BY 2.5.

¿Y el perro que iba con ellos?

Junto a las pisadas humanas hay huellas de cánido. En 2019 quedaron sin identificar con precisión; un estudio posterior de Federico De Sario y su equipo, en Quaternary Science Reviews, sostiene que son de un cánido probablemente doméstico y lo reivindica como la evidencia directa más antigua de un perro acompañando a personas. No era un chucho pequeño: le calculan unos 39 kilos.

Y la cueva no estaba vacía: Bàsura guarda un notable depósito de huesos de oso de las cavernas, con zonas de hibernación reconocibles, y entre las marcas del suelo también hay pisadas de oso. Con eso en la cabeza, la ramita se hace pequeña. Siglos después, otro can italiano se haría famoso por viajar solo en tren.

Como tantos hallazgos que aparecen donde menos se espera o esa semilla de 2.000 años que germinó, Bàsura sigue hablando milenios después. La próxima vez que se te apague la linterna del móvil, acuérdate de los que bajaron ahí con dos palitos de pino.

Vía Xataka Magnet. Estudios en Quaternary International y eLife.