Imagina una semilla que dejó de ver la luz cuando aún mandaba el Imperio romano y que, dos mil años después, alguien planta en una maceta… y brota. Eso es exactamente lo que ocurrió con Matusalén, una palmera datilera que germinó en 2005 a partir de una semilla de unos 2.000 años rescatada de la antigua fortaleza de Masada, en el desierto de Judea. No es ciencia ficción: es la resurrección de una variedad de árbol que llevaba siglos desaparecida.
¿De dónde salió la semilla?
La semilla apareció entre los restos arqueológicos de Masada, la fortaleza junto al mar Muerto excavada en los años sesenta. Allí, guardadas durante dos milenios en un clima seco y estable, unas cuantas semillas de Phoenix dactylifera aguantaron dormidas hasta que la ciencia decidió darles una oportunidad. La palmera datilera de Judea fue famosa en la Antigüedad por sus dátiles, pero su cultivo se perdió hace siglos.
Que un ser vivo aguante tantísimo no es tan raro como parece: en el desierto de Mojave crece un arbusto que lleva casi 12.000 años clonándose a sí mismo. La naturaleza juega en otra liga temporal.
¿Cómo se revive un árbol extinto?
El proyecto lo puso en marcha la doctora Sarah Sallon, del Centro de Investigación en Medicina Natural Louis Borick del Hospital Hadassah, junto a la doctora Elaine Solowey, del Instituto Arava de Estudios Ambientales. Solowey trató las semillas y consiguió que una germinara. La bautizaron Matusalén, como el personaje más longevo de la Biblia, y durante un tiempo fue la semilla más antigua que se había logrado germinar.
Una semilla que vivió en tiempos de Roma volvió a echar raíces y a dar fruto veinte siglos después.
No fue un caso aislado. Después brotaron varias semillas más, halladas en Masada y en Qumrán —el enclave de los Manuscritos del Mar Muerto—, que recibieron nombres bíblicos: Adán, Jonás, Uriel, Boaz, Judith y Hannah. El equipo publicó sus análisis genéticos en la revista Science Advances. Traer de vuelta el pasado se ha convertido en un pasatiempo científico: hace poco unos investigadores reactivaron en unos pollos rasgos de dinosaurio.
¿Llegó a dar dátiles?
Sí, y ahí está lo bonito. Matusalén resultó ser macho, así que sirvió para polinizar a Hannah, una de las hembras del grupo. En septiembre de 2020, Hannah dio su primera cosecha: 111 dátiles de una estirpe que nadie había probado en cientos de años. Un fruto que, técnicamente, viene de antes de nuestra era.
Así que la próxima vez que olvides una bolsa de semillas en un cajón, recuerda a Matusalén: hay quien esperó dos mil años para volver a florecer. Vía Now I Know.

