Una Guinness de 1864 sale de un naufragio y quieren rehacerla

Botella de vidrio oscuro intacta y de pie sobre el fondo marino, entre piedras y restos del naufragio del Mindora
La botella de Guinness, sellada desde 1864, en el pecio del Mindora frente a Dover. Foto: Stefan Panis, vía The Irish Times.
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El buceador belga Stefan Panis recuperó del fondo del canal de la Mancha una botella de Guinness sellada desde 1864. Estaba enterrada bajo la arena, entre la carga desperdigada de un velero hundido a unos cinco kilómetros de la costa de Dover. Ahora un equipo de la Universidad KU Leuven, en Bélgica, quiere leer lo que quede de su ADN para volver a fabricar aquella cerveza.

Panis la enjuagó esperando otro cacharro victoriano cualquiera. Lo que asomó bajo el sedimento fue el nombre de la marca grabado en el vidrio oscuro, con el corcho todavía en su sitio. De momento ha subido una botella: el equipo dice haber localizado hasta una veintena y sospecha que bajo la arena sigue enterrada al menos una caja entera.

¿Cómo acabó un cargamento de Guinness en el fondo del canal de la Mancha?

El velero se llamaba Mindora y había zarpado de Londres una semana antes rumbo a Victoria, en la isla de Vancouver, con pasajeros y mercancía a bordo. La noche del 27 de noviembre de 1864 chocó con otro buque, el Khersonese, y se fue al fondo. Lleva ahí 162 años.

La cerveza no ha sobrevivido por milagro, sino por rutina: unos 4 °C, presión constante y oscuridad absoluta, año tras año. Al parecer, además, algunas botellas viajaban boca abajo dentro de sus cajas, de modo que la burbuja de aire atrapada hizo de tapón y evitó que el agua de mar se colara por el corcho.

Campana de barco cubierta de pátina verdosa, con letras grabadas y el año 1864 todavía legibles en el bronce
La campana rescatada del pecio lleva grabado el nombre del barco, el año y el puerto de registro. Foto: Stefan Panis, vía The Irish Times.

¿Se puede rehacer una cerveza de hace 162 años?

Panis y el buceador técnico e investigador Paweł Truszynski han bautizado el intento como Project Jurassic Beer. La idea es reconstruir el sabor de aquella Guinness, y para eso hace falta lo único que no se improvisa: la levadura.

Kevin Verstrepen, genetista de la KU Leuven especializado en levaduras cerveceras, avisa de que es poco probable rescatar células vivas, aunque lo van a intentar. El plan B pasa por analizar el ADN que sobreviva y buscar una «hermana moderna» de aquella cepa. No tan lejos de una semilla de 2.000 años que germinó y dio fruto, pero en versión líquida.

Si sale bien, dice Truszynski, «desbloquearemos una forma de viaje en el tiempo líquido».

¿Alguien se la va a beber?

Panis admite que hay posibilidades de que siga siendo bebible y que él la probaría si los expertos dan el visto bueno: todo depende de si el agua de mar entró por el corcho. De momento nadie ha descorchado nada. Desde Diageo, dueña de Guinness, dicen que su archivo histórico de Dublín ya está en contacto con los buceadores para evaluar el hallazgo.

Queda un fleco de intriga. La Lloyd’s Register Foundation no ha podido confirmar oficialmente el pecio, porque los buceadores no trabajaron con ella; sí les mandó el informe digitalizado de un barco llamado «Mindoro» que, con toda probabilidad, es el mismo. Según su archivero, Zach Schieferstein, los bailes de nombres en los registros del siglo XIX eran de lo más normal.

El pecio lleva explorándose alrededor de una década y las botellas no asomaron hasta el verano de 2025. «La historia del pecio no se acaba nunca», dice Panis: las corrientes hacen que los pedazos de pasado aparezcan un año y desaparezcan al siguiente. Igual que una botella con el mensaje de una niña o un trozo de tarta de hace medio siglo, a veces basta con mirar donde toca.

Vía The Irish Times.