Roma lo dedicó en el año 315, pero buena parte de sus esculturas ya tenía dos siglos: venían de monumentos de Trajano, Adriano y Marco Aurelio…
Imagina que te levantan un arco de triunfo para celebrar tu gran victoria y, al acercarte, descubres que media fachada llevaba puesta ahí dos siglos. Pues eso es, más o menos, el arco de Constantino: el monumento revestido de mármol, de unos 21 metros de alto, que sigue plantado junto al Coliseo de Roma.
El arco de Constantino se dedicó en el año 315 y buena parte de sus esculturas no se talló para él: procede de monumentos anteriores, de época de Trajano, Adriano y Marco Aurelio. Los historiadores del arte llaman spolia a esa costumbre de desmontar lo viejo para vestir lo nuevo. La palabra viene del latín spolium, la piel que se le arrancaba a un animal cazado, y de ahí pasó a significar botín de guerra.
¿De qué monumentos salieron las piezas?
El inventario da cierto vértigo. Los ocho medallones circulares que flanquean los arcos laterales, con escenas de caza y de sacrificio, son de época de Adriano. Los ocho paneles rectangulares del ático vienen de un monumento perdido de Marco Aurelio. Y las ocho estatuas de prisioneros dacios que coronan el conjunto, junto a varios relieves de guerra, salieron del Foro de Trajano.

¿Por qué esos emperadores tienen la cara de Constantino?
Aquí está el detalle que convierte el reciclaje en algo más descarado: a varios emperadores esculpidos en aquellos relieves les recortaron la cabeza y se la volvieron a tallar con los rasgos de Constantino. Trajano, Adriano y Marco Aurelio se quedaron sin cara en su propio monumento.
Cuántas cabezas se rehicieron es algo que los especialistas siguen discutiendo, y en varios medallones ni siquiera hay acuerdo sobre a quién representa el rostro nuevo: se ha propuesto que algunos no sean Constantino, sino Licinio o Constancio Cloro.
¿Lo hicieron por ahorrar o por mandar un mensaje?
Depende de a quién preguntes. El arqueólogo C. Brian Rose se inclina por lo práctico: por entonces había monumentos por toda la ciudad derribados, cayéndose o sin terminar. Material a mano.
«Creo que usaron spolia porque querían hacerlo rápido y barato», declaró Rose a la revista Archaeology.
La historiadora del arte Elizabeth Marlowe coincide en que el préstamo se notaba: «Creo que la gente habría sabido que esos relieves eran más antiguos». Otra cosa es reconocer cada pieza: el propio Rose duda de que nadie identificara todos los monumentos saqueados.
Y queda un giro. El friso de figuras bajas y macizas que corre bajo los medallones se ha tenido siempre por la parte tallada para este arco. Rose ha defendido que tampoco lo es: que procede de un monumento de Diocleciano.
¿Hay spolia en España?
Y tanto. El ejemplo mayúsculo está en Córdoba: la mezquita que mandó levantar Abderramán I hacia 785 se terminó en menos de dos años, y esa prisa se explica en buena parte porque sus columnas y capiteles se reaprovecharon de edificios romanos y visigodos. Por eso el bosque de columnas es tan desigual: cada fuste venía de donde venía.
Reciclar piedra noble ha sido la norma: piezas romanas reaparecen donde menos se espera, como la Venus hallada en una playa de Alicante. En Inglaterra, un sarcófago romano pasó dos siglos disfrazado de maceta; en Alemania, el techo de un sótano resultó ser un barco medieval. Lo llamativo del arco de Constantino no es que reciclara materiales: es que reciclara caras.
Vía Archaeology Magazine, Encyclopaedia Romana, The Collector y Following Hadrian. Sobre el friso, Rose en el Journal of Roman Archaeology. Vista en Neatorama.
Foto de portada: © Joseolgon, CC BY 4.0.




