Halló en una chatarrería un escudo del siglo II con huesos dentro

Fue a por recambios de moto a una chatarrería del sureste de Polonia y salió de allí con hierro de 1.800 años, tierra seca y huesos quemados dentro…

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Fue a por recambios de moto a una chatarrería del sureste de Polonia y salió de allí con hierro de 1.800 años, tierra seca y huesos quemados dentro…

Włodzimierz Starykiewicz entró en una chatarrería de Hrubieszów, en el sureste de Polonia, buscando piezas para motos y coches viejos. Encontró algo bastante más antiguo: el umbo de hierro de un escudo del siglo II, unos 1.800 años. Dentro llevaba un terrón de tierra seca y, entre esa tierra, huesos humanos quemados.

No vació el terrón ni se quedó la pieza. Hizo unas fotos allí mismo, se las mandó al Museo del Padre Stanisław Staszic de Hrubieszów y los arqueólogos le confirmaron que su corazonada era buena. A ellos les tocó estrenar una casilla nueva en el registro.

«Habíamos oído hablar alguna vez de casos así, pero nunca nos había pasado tener que escribir en el libro de inventario y en la ficha científica, en la casilla de la localización del hallazgo: “chatarrería de Hrubieszów”», contó el museo.

¿Qué es un umbo y por qué es lo único que queda?

Es el refuerzo metálico clavado en el centro del escudo: protegía la mano y sujetaba el conjunto de madera y cuero. Esa madera y ese cuero se pudren en unos siglos, así que del escudo entero solo sobrevive la chapa del medio. El museo describe este ejemplar como un umbo con pincho, y Live Science apunta que ese perfil apuntado es lo que lo separa de los umbos de los legionarios romanos y lo sitúa entre los vándalos del siglo II.

El umbo de hierro oxidado, con su pincho central, junto al terrón de tierra que llevaba dentro ya deshecho en trozos
El umbo y la tierra que conservaba en su interior, ya desmenuzada. Foto: © Muzeum im. ks. Stanisława Staszica w Hrubieszowie.

¿Cómo saben que salió de la tumba de un guerrero?

Por el fuego y por los huesos. La superficie del hierro está pasada por altas temperaturas y los restos que llevaba dentro estaban quemados, lo que apunta a una pira funeraria. Para el museo, todo eso remite a un enterramiento de incineración de un guerrero —o una guerrera, matizan— de la comunidad vándala, asociada tradicionalmente a la cultura de Przeworsk. Los vándalos eran un pueblo germánico, y sus descendientes acabarían instalándose en el norte de África más de dos siglos después de que ardiera este escudo.

¿Qué se ha perdido por el camino?

El terrón tenía restos de rastrojo, lo que sugiere que el umbo salió de un campo de labor y que alguien, sin saber lo que tenía entre manos, lo vendió como chatarra. Del resto de la tumba no se sabrá nada: el museo solo puede especular con lo que quizá la acompañaba —una espada, puntas de lanza y de jabalina, una hebilla de cinturón, una fíbula para sujetar la capa— y darlo por perdido.

De ahí el llamamiento público que han lanzado para dar con quien vendió la pieza al chatarrero. Y de ahí también las gracias que le dedican a Starykiewicz por fijarse y avisar: el terrón llegó entero dentro del umbo y solo al examinarlo en el museo aparecieron los huesos.

No es la primera antigüedad que viaja en un envase indigno: ya contamos cómo una Venus romana acabó en una bolsa del súper y el caso del anillo de oro medieval que apareció bajo un detector de metales. Polonia, por cierto, ya nos había dado la torre inclinada de Toruń.

Vía Live Science, Lublin112, GeekWeek (Interia) y HeritageDaily.

Foto de portada: © Muzeum im. ks. Stanisława Staszica w Hrubieszowie.