
El techo de un sótano de la Konradigasse, en Constanza (Alemania), está hecho con los tablones del casco de un barco de carga medieval. Lo ha descubierto un equipo del Landesamt für Denkmalpflege (LAD), la oficina de patrimonio del land de Baden-Wurtemberg, mientras estudiaba la construcción de un sótano fechado en 1244.
No es un trozo suelto encajado entre las vigas. Son al menos 19 tablones que cubren más de 25 metros cuadrados y siguen unidos entre sí tal como iban montados en la embarcación. Alguien, en el siglo XIII, miró un barco fuera de servicio y pensó que aquello daba para un techo estupendo.
¿Cómo se distingue un barco de un montón de tablas viejas?
Por la carpintería. El LAD identificó la madera como parte de una embarcación por tres señales: los clavos de madera característicos, las hileras en que se disponen y la forma típica de la tablazón. Detalles que en una viga corriente no pintan nada y que en un casco lo son todo. La reacción la resume la doctora Aline Kottmann, responsable técnica de arqueología medieval del LAD.
Al principio solo estaba claro que los tablones se habían reutilizado. Que originalmente fueran parte de un barco fue la sorpresa por excelencia.

¿Qué barco era y por qué acabó en un techo?
Los primeros análisis apuntan a un barco de vela de carga con el fondo plano, comparable a otros hallazgos del lago de Constanza como el pecio del Kippenhorn, cerca de Immenstaad, del siglo XIV. Y la madera guarda la biografía del cacharro: se aprecian al menos cuatro reparaciones, zonas dañadas que se recortaron y se sustituyeron por piezas encajadas a medida. Una de ellas, en forma de cola de milano, no tiene por ahora paralelo directo en la construcción naval medieval del lago.
Entre algunos tablones se ha conservado incluso el calafateo, la masa que sellaba las juntas, que el LAD también ha analizado. Cuando el barco quedó fuera de servicio, su madera pasó de navegar a sostener una casa.
¿Por qué es tan valioso un techo de sótano?
Porque es arqueología naval en seco. Alexandra Ulisch, del proyecto Wracks und Tiefsee con el que el LAD busca pecios en el lago de Constanza, señala que reutilizar barcos amortizados como madera de construcción era conocido en la Edad Media, pero que aquí no se emplearon fragmentos sueltos, sino un casco casi completo y aún trabado. Kottmann añade el matiz decisivo: los pocos pecios medievales del lago están bajo el agua y estudiarlos exige un esfuerzo considerable, mientras que estos tablones se conservan en un entorno mucho más accesible. Sin bombonas y sin bucear en un pecio.
No es el primer objeto histórico con un segundo empleo inesperado: un sarcófago romano ejerció dos siglos de maceta y en Bélgica salieron lingotes de oro al cavar un alcantarillado. La diferencia es que este está sobre tu cabeza.
A mediados de agosto de 2026 el hallazgo se documentó de nuevo y se capturó en tres dimensiones con Structure-from-Motion, que reconstruye el modelo a partir de numerosas fotografías. También se tomaron muestras para datar la madera por dendrocronología, con resultados previstos en las próximas semanas. Porque el sótano está fechado en 1244, pero el casco sigue sin datar: cuántos años navegó antes de acabar ahí arriba es justo lo que nadie sabe.
Mientras llega el veredicto de los anillos, el techo sigue donde estaba: casi ocho siglos aguantando una casa después de haber aguantado el agua.
Vía Landesamt für Denkmalpflege (Regierungspräsidium Stuttgart), Spektrum der Wissenschaft, Stuttgarter Zeitung y Wochenblatt.
