Los teléfonos de Garfield llevan 40 años varando en Bretaña

Cayeron de un barco en los años ochenta y el mar los devuelve a trozos desde entonces. En una gruta bretona sigue lo que queda del contenedor…

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Cayeron de un barco en los años ochenta y el mar los devuelve a trozos desde entonces. En una gruta bretona sigue lo que queda del contenedor…

En la costa de Iroise, en el Finistère bretón, llevan más de cuarenta años apareciendo trozos de teléfono de plástico naranja con la cara de Garfield. No es una broma de vecinos ni una moda local: salieron de un contenedor que el mar encajó en una gruta marina de Plouarzel en los años ochenta y que desde entonces suelta su carga a plazos, ola a ola.

Los voluntarios de la asociación Ar Viltansoù, que limpian esas playas, recogieron unas doscientas piezas en 2018 peinando veinte kilómetros de costa. Auriculares, carcasas, cables amarillos. Siempre el mismo gato.

¿Cómo se descubrió de dónde salían los teléfonos de Garfield?

El misterio duró más de treinta años. Se rompió en 2019: la cadena pública franceinfo destapó el caso a raíz de una alerta ciudadana y, semanas después, un agricultor de la zona, René Morvan, se cruzó por casualidad con los voluntarios en una playa y les contó su secreto. Con 19 o 20 años, tras una tormenta de los ochenta, él y su hermano habían explorado los acantilados y se habían topado con un contenedor metálico encajado en una cueva que solo queda al descubierto en las grandes mareas.

Morvan los llevó hasta allí. El 22 de marzo de 2019, aprovechando una marea viva de coeficiente 115, Claire Simonin-Le Meur, presidenta de Ar Viltansoù, y media docena de compañeros alcanzaron la gruta y encontraron chapa del contenedor, veintitrés auriculares completos y un reguero de fragmentos. El grueso del cargamento ya no estaba: se lo había ido llevando el mar durante tres décadas.

Una pareja mayor apoyada en la verja de su casa, con caras de teléfonos Garfield y conchas alineadas sobre el muro
Hay quien ha convertido el hallazgo en decoración. Fotograma de Silly Little Plastic Cat, de Zack Grant para Back Market.

¿Por qué el misterio sigue sin estar resuelto del todo?

Porque nadie sabe de qué barco cayó aquello. Fabien Boileau, director del Parque Natural Marino de Iroise, reconoció que se ignora el origen del contenedor y hasta si cayó uno solo o varios. Cuatro décadas de pistas y el remitente sigue sin aparecer.

El mar devuelve a plazos un pedido que nunca llegó a su destino.

¿Qué cuenta el documental sobre los gatos naranjas?

La historia acaba de dar otra vuelta. Silly Little Plastic Cat, un cortometraje documental dirigido por Zack Grant y financiado por Back Market, el mercado de tecnología reacondicionada, se estrenó en YouTube el 19 de junio de 2026 y entró en la selección oficial de Tribeca X 2026. Retrata a los vecinos que llevan décadas recogiendo gatos: los que los amontonan en el garaje, los que los plantan en el jardín y los del repair café local. Su director lo resume como una metáfora de una cultura de consumo desbocada.

Tampoco es la primera vez que el Atlántico hace de cápsula del tiempo: en las Orcadas escocesas aparece basura de los años sesenta como recién salida del supermercado. Aquí, en cambio, lo que asoma de la arena es un gato sonriente con el cable enredado, y hay quien se lo lleva a casa con el mismo cariño con el que otros dan una segunda vida a los teléfonos antiguos o se recorren un país para salvar una cabina.

El contenedor sigue en su grieta y el gato sigue saliendo del agua. A este ritmo, quedan Garfields para rato.

Vía Laughing Squid, franceinfo, AFP, Atlas Obscura y Back Market.

Foto de portada: fotograma de Silly Little Plastic Cat, de Zack Grant para Back Market.