El pozo de Cerdeña por el que el sol baja 25 escalones

Dos veces al año, en los equinoccios, el sol baja los veinticinco escalones de un pozo sardo de hace 3.000 años y llega hasta el agua del fondo…

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Dos veces al año, en los equinoccios, el sol baja los veinticinco escalones de un pozo sardo de hace 3.000 años y llega hasta el agua del fondo…

Imagina bajar veinticinco escalones de basalto hasta una cámara enterrada en un olivar sardo. Y que dos veces al año el sol se cuela por la boca de arriba, recorre la escalera entera y va a dar al agua del fondo.

Pasa en el pozo sagrado de Santa Cristina, en Paulilatino (provincia de Oristano, Cerdeña). Es un templo de agua de la civilización nurágica, levantado hace unos 3.000 años, y su escalera queda orientada de tal modo que, en torno a los equinoccios de marzo y septiembre, la luz del sol baja por ella hasta el fondo del pozo, según el parque que gestiona el yacimiento.

¿Por qué el sol solo llega al fondo en los equinoccios?

La escalera baja encajonada entre dos muros que se van estrechando, bajo una abertura con forma de trapecio. Ese hueco funciona como una mirilla: solo cuando el sol alcanza la altura justa sobre el horizonte, el rayo entra alineado con el eje de la escalinata y llega abajo sin tropezarse con la piedra.

El parque concreta la cita: del 21 al 23 de septiembre y del 18 al 21 de marzo, a mediodía solar. O sea, dentro de nada.

Vista desde el fondo del pozo hacia la salida: los peldaños ascienden a una abertura trapezoidal de luz y el techo repite los escalones
La escalera vista desde abajo. Foto: Aga Khan (IT) / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

¿Cómo encajan tan bien unas piedras colocadas hace 3.000 años?

Los bloques son de basalto, tallados y colocados en hiladas tan ajustadas que el conjunto parece cantería de anteayer. La escalera desciende unos 6,5 metros y desemboca en una cámara circular de unos 2,5 metros de diámetro. Las fichas de la Región de Cerdeña lo fechan en el Bronce Final, hacia el siglo XI a.C.

Sobre la cámara hay una falsa cúpula, una tholos, levantada con anillos concéntricos que se van cerrando hasta casi 7 metros de altura. El anillo de arriba se quedó sin cerrar y dejó un agujero de unos 35 centímetros.

No es la única obra antigua que aguanta mejor de lo que le tocaría: un sarcófago romano pasó dos siglos de maceta en un jardín inglés.

Bóveda de basalto en anillos concéntricos vista desde abajo, con un pequeño óculo circular de luz en el vértice
La bóveda, con el óculo en lo alto. Foto: Aga Khan (IT) / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

¿Qué es esa escalera que cuelga del techo?

El detalle más raro está sobre la cabeza. El hueco de la escalera va cubierto por arquitrabes colocados en espejo, que forman un techo escalonado: en italiano lo llaman scala rovesciata, escalera invertida. Mirando hacia arriba desde el fondo se ve una escalera colgada boca abajo que sube hacia la luz.

Un pueblo del que no conservamos ni un texto dejó aquí un edificio que todavía tiene cita con el sol.

¿Y lo de la luna cada 18,6 años?

Aquí toca bajar el tono. Por el agujero de la cúpula entraría la luz de la Luna durante el lunisticio mayor, el momento en que el satélite alcanza su declinación máxima y que se repite cada 18,6 años, hasta reflejarse en el agua del fondo. La idea es del antropólogo Arnold Lebeuf, de la Universidad Jaguelónica de Cracovia, que llegó a proponer que el pozo servía para predecir eclipses. Las fichas arqueológicas oficiales no la recogen.

Tres mil años después, el pozo sigue ahí abajo esperando su equinoccio. Italia guarda rarezas constructivas de sobra —las ventanas del vino de Florencia, sin ir más lejos—, pero pocas con esta puntería. Y si queda lejos, a veces basta con cavar en el jardín de casa para toparse con el pasado.

Vía Sardegna Cultura, Sardegna Turismo, Parco Archeologico di Santa Cristina y Preistoria in Italia.

Foto de portada: Aga Khan (IT) / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.