Florencia guarda casi 200 ventanillas del siglo XVI para despachar vino sin tocar al cliente. Nacieron con la peste y el COVID volvió a abrirlas…
En las paredes de los palacios de Florencia hay cientos de puertas diminutas, del tamaño justo para que quepa una botella. No son buzones ni gateras: son las buchette del vino, las ventanillas por las que las familias nobles despachaban vino a la calle desde el siglo XVI.
Durante décadas pasaron desapercibidas —tapiadas, olvidadas o convertidas en buzones—, hasta que una pandemia les devolvió el sentido.

¿Qué son exactamente las buchette del vino?
Son pequeñas aberturas arqueadas, de apenas un palmo de alto, abiertas en el muro de los palacios renacentistas florentinos. Por ese hueco el vendedor pasaba la botella y cobraba sin que el cliente entrara en casa. La asociación cultural Buchette del Vino, que lleva años catalogándolas, tiene documentadas cerca de 200 en Florencia, y varios cientos más repartidas por la Toscana.
¿Por qué Florencia vendía vino por una ventana?
La costumbre nació en el siglo XVI, cuando el gran duque Cosme I de Médici permitió a las familias nobles vender el vino de sus fincas directamente desde sus residencias urbanas, sin pasar por tabernas ni intermediarios. Menos impuestos y más beneficio.
El invento se volvió aún más valioso durante la peste del siglo XVII. Con la ciudad diezmada por los brotes, despachar a través de la ventanilla reducía el contacto entre personas. Cuentan las crónicas que el vendedor recogía las monedas con una pala metálica y las sumergía en vinagre para desinfectarlas. El «sin contacto», cuatro siglos antes del gel hidroalcohólico.
Una ventana para vender vino sin tocar al cliente: la distancia de seguridad ya se practicaba en la Florencia de la peste.
¿Cómo resucitó la tradición con la pandemia?
Cuando llegó el COVID-19 y medio mundo se encerró, alguien en Florencia se acordó de que la solución llevaba siglos en la pared. En 2020, locales como el restaurante Babae volvieron a abrir sus buchette para servir copas de vino —y también café, cócteles o helado— sin aglomeraciones. El actor Stanley Tucci las enseñó al mundo en su serie Searching for Italy, y el goteo de curiosos hizo el resto.
Hoy alrededor de una decena siguen abiertas como ventanillas de verdad. Las demás resisten en las fachadas, tan fáciles de pasar por alto como el sarcófago romano que pasó 200 años disfrazado de maceta. Italia es así: lo mismo esconde un tumor en el Nacimiento de Venus de Botticelli que levanta un anfiteatro romano falso para cobrar la entrada. Solo hay que mirar a la altura de los ojos.
Vía Amusing Planet.




