Despertar a un oso polar con la bocina: 50.000 coronas de multa

Un oso polar despierto y alerta, con la cabeza levantada, en la orilla rocosa de un fiordo ártico con un barco al fondo
Ilustración generada con inteligencia artificial: recreación de la escena descrita por el Sysselmesteren en un fiordo de Svalbard.
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El plan era sencillo: navegar por un fiordo del Ártico, avistar un oso polar dormido en la orilla y, en lugar de disfrutar del momento en silencio, tocarle el claxon. Una persona a bordo de una embarcación en Svalbard hizo exactamente eso y ha acabado pagando una multa de 50.000 coronas noruegas, más de 4.500 euros. Lo mejor: quienes la denunciaron fueron sus propios compañeros de travesía.

¿Qué pasó exactamente en el fiordo?

La escena ocurrió este mes de agosto en Lomfjorden, un fiordo del estrecho de Hinlopen, en el archipiélago noruego de Svalbard, en pleno Ártico. Es uno de esos rincones donde el paisaje parece de atrezo y, sin embargo, casi todo lo que se mueve está protegido por ley.

Según el comunicado del Sysselmesteren, la oficina del gobernador de Svalbard, los ocupantes de una embarcación vieron un oso polar durmiendo en tierra. Alguien a bordo usó entonces la bocina del barco. El animal se despertó y se marchó a otro lugar.

Aquí llega el giro: fueron otras personas del mismo barco las que avisaron a las autoridades. El gobernador concluyó que la molestia había sido deliberada e impuso una multa de 50.000 coronas por infringir el primer párrafo del artículo 30 a de la svalbardmiljøloven, la ley de medio ambiente de Svalbard. La sanción fue aceptada y ya está pagada. No se ha hecho pública ni la identidad ni la nacionalidad de la persona.

¿Por qué es sancionable molestar a un oso polar?

El oso polar es especie protegida en Svalbard desde hace más de medio siglo, y ese primer párrafo del artículo 30 a no deja mucho margen a la interpretación creativa: prohíbe molestar innecesariamente a un oso polar, atraerlo o perseguirlo. No hace falta dispararle ni bajar a tierra. Basta con estropearle la siesta.

Ayuda a entender la severidad el hecho de que hablamos de un animal escaso: el censo aéreo de 2015 apuntó a una población local en el propio archipiélago de entre 200 y 300 osos, una fracción del conjunto del mar de Barents, que se cuenta por miles. Cada ejemplar pesa bastante más de lo que parece desde la cubierta de un barco.

¿A qué distancia hay que quedarse de un oso polar?

Noruega endureció las reglas el 1 de enero de 2025. Desde entonces, el segundo párrafo del mismo artículo obliga a mantenerse a un mínimo de 300 metros de un oso polar durante todo el año, y a 500 metros entre el 1 de marzo y el 30 de junio. Si te lo encuentras más cerca, la obligación no es sacar el móvil: es retirarte hasta recuperar la distancia, salvo que estés en una zona habitada, una estación de investigación, una cabaña o una tienda de campaña.

Ojo al matiz, porque es el que da la medida de la norma: a la persona de la bocina no la multaron por acercarse demasiado, sino por el párrafo anterior, el que prohíbe molestar. Con la distancia legal respetada y todo, el claxon bastó.

Visto lo visto, el Ártico se apunta a la lista de sitios donde la fauna lleva las de ganar. Ya sea un banco de medusas capaz de parar reactores nucleares, un remolino noruego que dio nombre al maelstrom o dos turistas detenidos por colarse en el recinto de un mono en Japón, la moraleja se repite. Con los animales salvajes, el que sale caro siempre es el humano.

Y sí: en Svalbard, la siesta de un oso sale a 50.000 coronas.

Vía Sysselmesteren (comunicado oficial), NRK, RTÉ y CBS News. Texto del artículo 30 a en Lovdata; distancias mínimas en Visit Svalbard; protección y censos en MOSJ (Instituto Polar Noruego).