Sabe a ajenjo, se bebe con mueca incluida y en Chicago es un rito de paso. Casi dos mil personas lo apuraron a la vez y se llevaron un récord…
El domingo 30 de agosto, a las 19:50, en un bar de Chicago, 1.969 personas se bebieron un chupito exactamente a la vez, según el recuento de los organizadores. No era champán ni tequila: era Malört, un licor de ajenjo tan amargo que en la ciudad se bebe menos por placer que por deporte de riesgo.
El local se llama Recess, está en el 838 de West Kinzie Street y esa tarde estrenó una categoría que hasta entonces no figuraba en el Guinness: la de más gente tomando un chupito de Malört al mismo tiempo. Un récord que nadie había pedido, que sigue pendiente de homologación y que aun así agotó las entradas dos veces.
¿Qué es el Malört y por qué sabe tan mal?
El Jeppson’s Malört es un bäsk, una variante del aguardiente sueco aromatizada con ajenjo (Artemisia absinthium), la misma hierba amarga que aromatiza la absenta. Malört es, de hecho, la palabra sueca para esa planta. Ahí está todo el secreto: no hay truco de destilación ni maldición familiar, hay una hierba que sabe a rayos.

La reacción tiene nombre propio: la Malört face, la mueca de ojos apretados y labios fruncidos que se comparte en redes desde hace más de una década y que en Chicago funciona como una especie de rito de paso. La marca, lejos de disimularlo, lo ha convertido en su publicidad.

¿Cómo se organiza un récord de casi dos mil chupitos?
Detrás estaban CH Distillery, la destilería que fabrica hoy el Malört, y la promotora Everleigh Entertainment. Lo anunciaron con un lema que lo resume bien: una mala decisión por una buena causa. Por cada entrada vendida, la marca aportó diez dólares a Ravenswood Community Services, una organización que reparte comida en el norte de la ciudad.
Las dos mil entradas iniciales se agotaron, sacaron quinientas más y volaron en minutos. Decenas de bares repartidos por el país, de California a Nueva Inglaterra, brindaron también desde sus barras, y el gobernador de Illinois, J. B. Pritzker, acabó detrás de la barra sirviendo chupitos.
¿Por qué alguien vendió esto como medicina?
Porque el mal sabor era la coartada. Carl Jeppson, un inmigrante sueco, lo repartía puerta a puerta en el Chicago de la Ley Seca presentándolo como remedio en vez de como bebida. Le funcionó: cuesta acusar de contrabandista a alguien que ofrece eso. No es el único producto de bar que empezó en el mostrador de una botica, como el sirope de chocolate.
Se vendía como medicina y nadie sospechó demasiado: ¿quién iba a beberse aquello por gusto?
Un siglo después, la coartada se ha vuelto el reclamo. En una ciudad capaz de llenar un bar para sufrir en grupo, el Malört ya no necesita fingir que cura nada: le basta con que casi dos mil personas hagan la misma mueca a la vez y lo llamen récord. Si te van los récords colectivos con poca lógica o los sabores que hay que aprender a querer, este los junta todos.
Vía Block Club Chicago, UPI, ABC7 Chicago, NBC Chicago, Chicago Sun-Times, Time Out y Hoodline. Historia del licor en Wikipedia.
Imagen de portada generada con inteligencia artificial.




