Los robots ya tienen sus Juegos y compiten al tira y afloja

Pekín reúne 2.056 robots humanoides en 51 pruebas: tira y afloja, halterofilia y un sprint de 100 metros que acabó contra una colchoneta…

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Pekín reúne 2.056 robots humanoides en 51 pruebas: tira y afloja, halterofilia y un sprint de 100 metros que acabó contra una colchoneta…

En el centro de un pabellón olímpico de Pekín, dos equipos de robots humanoides se reparten a ambos lados de una cuerda y tiran hasta que a uno de ellos le fallan los pies. El tira y afloja es una de las 51 pruebas de los Juegos Mundiales de Robots Humanoides, la competición que reúne del 22 al 26 de agosto de 2026 a 2.056 máquinas llegadas de 16 países.

¿Qué se compite en unos Juegos de robots humanoides?

La segunda edición de los Juegos junta a 666 equipos en el Óvalo Nacional de Patinaje de Velocidad, el pabellón que Pekín levantó para los Juegos de Invierno de 2022. Cinco días, 51 pruebas y 1.301 enfrentamientos.

Junto a lo previsible —atletismo, fútbol, tenis de mesa— esta edición estrena disciplinas de las que uno no espera ver un podio: tira y afloja, halterofilia, taichí y touhu, el juego tradicional chino de lanzar flechas dentro de una vasija. Y hay pruebas de escenario en las que las máquinas se pelean con tareas de hogar, hotel, hospital, comercio o industria.

¿Por qué hay robots jugando al tira y afloja?

Porque la gracia no está en la cuerda, está en el escaparate. Los organizadores plantean la cita como una feria industrial disfrazada de estadio: primero las medallas y, detrás, los pedidos de humanoides capaces de currar. Cada prueba aparentemente absurda esconde una habilidad que un comprador quiere ver antes de firmar: equilibrio, fuerza repartida, puntería fina.

¿De verdad corren más que Usain Bolt?

En una serie clasificatoria de la jornada inaugural, el robot Tiangong Ultra, del Beijing Humanoid Robot Innovation Center (X-Humanoid), cubrió los 100 metros en 9,39 segundos. Detrás entró Lightning, de la marca de móviles Honor, con 9,47. Los dos por debajo de los 9,58 con los que Usain Bolt fijó el récord del mundo en Berlín, en 2009.

Lo que pasó después explica bastante mejor en qué punto está la robótica: ninguno de los dos frenó. Cruzaron la meta y se empotraron de frente contra una gruesa colchoneta colocada ahí precisamente para detenerlos, y Tiangong todavía se tambaleó hacia un lateral.

Corre más rápido que el hombre más rápido de la historia y todavía no sabe parar.

Conviene bajar el globo: nadie va a borrar a Bolt de las listas. Su marca sigue siendo el récord humano, con jueces, tacos de salida y control antidopaje, y una eliminatoria de robots no compite en esa categoría. Pero la estampa —bajar de 9,4 y necesitar una colchoneta para no seguir hasta la grada— retrata el momento con más honestidad que cualquier folleto.

Un momento que, fuera de Pekín, va por barrios: desde unas piernas robóticas montadas en casa para subir escaleras hasta las gafas con IA que se colaron en los exámenes chinos. Setenta años después de Robby, el robot de 1956, el futuro sigue tropezando en directo.

Vía Reuters, AP, CGTN y Global Times.