Diez minutos después de arrancar el examen, al supervisor le chirrió un detalle: las gafas de un alumno parpadeaban en verde. No era un reflejo de la ventana. Eran gafas inteligentes que, con solo rozar la patilla, fotografiaban el enunciado y le devolvían la respuesta masticada.
La escena resume una moda que trae de cabeza a las universidades chinas: varios estudiantes están usando gafas con inteligencia artificial para copiar en los exámenes. Fotografían las preguntas tocando la montura y el dispositivo les muestra la solución, sin mover los labios ni sacar el móvil.
¿Cómo funcionan las gafas que soplan las respuestas?
El modelo señalado son las Leqi Smart Glasses, que salieron a la venta en septiembre de 2025. Según la prensa china, integran cuatro modelos de IA —DeepSeek, Tongyi Qianwen, Zhipu y Doubao— y resuelven la duda a partir de una simple foto. El alumno solo toca la varilla cerca de la sien, la cámara dispara y la respuesta aparece delante de sus ojos.
No hace falta hablar ni teclear, que era justo lo que delataba a los pinganillos de toda la vida. La inteligencia artificial ya se cuela en los rincones más insospechados: lo hemos visto hasta en una torreta casera que dispara agua a las palomas, y ahora se sienta en un pupitre.
¿Cómo pillaron al estudiante?
El caso que lo destapó ocurrió el 1 de julio en la Universidad Agrícola del Sur de China, en Cantón. Un estudiante apellidado Lin fue descubierto cuando el vigilante vio el destello verde en sus lentes y le pidió que se las quitara. Él acabó admitiendo el truco.
El punto flaco es precisamente ese piloto: un LED verde que se enciende cuando la cámara trabaja. En redes ya circulan «trucos» para taparlo con pegatinas baratas, aunque el reflejo sigue asomando desde ciertos ángulos.
¿Por qué preocupa tanto en China?
Porque no es un caso aislado. Se han detectado episodios parecidos en universidades de Hubei, Henan y Pekín, y han proliferado los anuncios que alquilan estas gafas a estudiantes por una cifra irrisoria. En un país donde ya se venden cosas tan surrealistas como un váter robótico que se conduce solo hasta la cama, un gadget para copiar apenas levanta una ceja.
El pulso, además, está desigualado. Un profesor citado por la prensa china admite que los vigilantes están «casi sin preparación» para detectar estos aparatos, y un responsable de producto ya avisa de que los próximos modelos serán indistinguibles de unas gafas normales. Y la presión aprieta: la cultura del examen es feroz y las autoridades han llegado a inspeccionar las gafas de los aspirantes en la selectividad china, el temido gaokao. No sería la primera vez que la tecnología nos deja en un brete moral: recuerda a esos trabajadores que graban su día para entrenar a la IA que los reemplazará.
Queda la pregunta incómoda: si la máquina puede aprobar el examen por ti, ¿qué demuestra exactamente ese examen? De momento, gana quien mira de reojo… y se acuerda de apagar el piloto verde.
Vía Oddity Central.

