Dos islas a 3,8 kilómetros y casi un día de diferencia

Desde el pueblo de la Pequeña Diomede se ve Rusia a 3,8 kilómetros, y allí ya es mañana. Entre las dos orillas cabe casi un día entero de reloj…

0
0

Desde el pueblo de la Pequeña Diomede se ve Rusia a 3,8 kilómetros, y allí ya es mañana. Entre las dos orillas cabe casi un día entero de reloj…

En mitad del estrecho de Bering hay dos islas que se miran de frente a 3,8 kilómetros de distancia. La Gran Diomede es rusa, la Pequeña Diomede es estadounidense y entre las dos pasa la línea internacional de cambio de fecha: cuando en la rusa es martes por la tarde, en la estadounidense todavía es lunes. Veinte horas de diferencia, veintiuna en invierno, entre dos rocas que se ven a simple vista.

No es un capricho del cartógrafo: es la frontera entre Estados Unidos y Rusia, que aquí se encoge hasta caber en un canal. De ahí sus apodos, Tomorrow Island y Yesterday Island: la isla del mañana y la del ayer.

Las dos islas Diomedes en el horizonte del mar de Bering, la pequeña a la izquierda y la grande a la derecha
La Pequeña Diomede (izquierda) y la Gran Diomede (derecha), en julio de 2006. Foto: Dave Cohoe, CC BY 3.0.

¿Por qué hay casi un día entre dos islas tan cercanas?

Porque cada una vive en un extremo opuesto del reloj mundial: la Gran Diomede va con la hora de Kamchatka y la Pequeña Diomede con la de Alaska. La línea de cambio de fecha, que serpentea para no partir países por la mitad, se cuela justo por el brazo de mar que las separa.

El desfase es de 20 horas mientras Alaska mantiene el horario de verano, de marzo a noviembre, y de 21 el resto del año. Solo se mueve un lado: Rusia dejó de cambiar la hora en 2014. Al lado de esto, que un pueblo de Granada celebre la Nochevieja en agosto parece menor.

¿Quién vive en cada isla?

En la Pequeña Diomede hay un pueblo, Inalik, de unas ochenta personas, en su inmensa mayoría iñupiat. Las casas se apiñan en la única franja sin acantilado, agarradas a una ladera casi vertical.

Enfrente, la Gran Diomede no tiene población civil. Allí vivía una comunidad indígena hasta 1948, cuando la Unión Soviética cerró la frontera y trasladó a sus últimos habitantes a tierra firme rusa. Hoy la ocupan meteorólogos y guardias fronterizos, en el mismo mar donde está el óvalo de aguas que no es de nadie.

¿Se puede cruzar de una isla a la otra?

En invierno el mar se congela y a veces se forma un puente de hielo, aunque rara vez aguanta lo bastante para cruzarlo a pie. Antes de 1948 los iñupiat se visitaban por ahí. Hoy no: es una frontera internacional y pasarla sin permiso acaba en detención.

La excepción más célebre la firmó la nadadora estadounidense Lynne Cox, que en agosto de 1987, tras once años pidiendo permiso al Kremlin, se tiró al agua desde la Pequeña Diomede y salió poco más de dos horas después en la orilla soviética. Aquel diciembre, en la cena de gala de la Casa Blanca de la noche en que se firmó el tratado de desarme nuclear INF, Mijaíl Gorbachov brindó por ella.

El verano pasado, a una audaz muchacha estadounidense llamada Lynn Cox le bastaron dos horas para nadar la distancia que separa nuestros dos países.

¿Cómo llega hoy el correo a la Pequeña Diomede?

Regular. Durante décadas los vecinos despejaban una pista sobre el hielo marino para que aterrizasen avionetas con correo y mercancía. El hielo llega ahora más tarde, se va antes y es más fino, así que la pista dejó de ser viable y el suministro depende del helicóptero y del tiempo.

Así que sí: hay un sitio del planeta donde puedes asomarte y ver el día siguiente. Llegar hasta él ya es otra historia.

Vía Mental Floss, Arctic Portal, Wikipedia, ExplorersWeb y la transcripción oficial del brindis.

Foto de portada: Richard Brahm / U.S. Coast Guard, dominio público.