El Agujero de la Rosquilla, el mar de nadie entre Rusia y EE.UU.

Vista aérea del mar de Bering con dos costas nevadas y un óvalo de agua entre barcos pesqueros, el Agujero de la Rosquilla
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En mitad del mar de Bering existe un óvalo de océano que no pertenece a nadie. Está tan lejos de cualquier costa que ni Rusia ni Estados Unidos pueden reclamarlo, aunque lo rodean por completo. Los marineros lo bautizaron con un nombre de lo más apetecible: el Donut Hole, el Agujero de la Rosquilla.

Y como toda buena historia de mar abierto, esta va de peces, de codicia y de un banquete que se acabó de golpe. Es uno de esos rincones del mapa que parecen inventados, como la isla más recursiva del planeta.

¿Qué es exactamente el Agujero de la Rosquilla?

Cada país controla los recursos del mar hasta 200 millas náuticas de su costa: es su zona económica exclusiva. En el centro del mar de Bering, entre la península rusa de Kamchatka y Alaska, queda un hueco que cae fuera de ese límite por todos lados. Un vacío legal con forma de rosquilla.

Hablamos de un pedazo de alta mar de unas 55.000 millas náuticas cuadradas —más que la superficie de un país entero— rodeado íntegramente por las aguas de las dos superpotencias, pero libre para cualquiera. Y «para cualquiera» fue justo el problema.

¿Por qué se quedó sin peces?

Debajo de esas aguas nadaba el abadejo de Alaska, ese pescado blanco que acaba en los palitos rebozados, en el surimi de los «palitos de cangrejo» y en medio menú de comida rápida. En los años 80, flotas de medio mundo se lanzaron a por él en la única parte del Bering donde nadie podía echarlas.

El resultado fue una barra libre de manual. Las capturas se dispararon hasta cerca de 1,4 millones de toneladas en 1989 y, dos años después, se habían desplomado a menos de 300.000. Los investigadores lo describen como uno de los colapsos pesqueros más espectaculares de la historia de Norteamérica. El banco de peces, sencillamente, se esfumó.

Nadie era dueño del agua, así que nadie se sintió responsable de vaciarla.

¿De quién es ese mar hoy?

Con la despensa arrasada, en 1993 entró en vigor una moratoria pesquera acordada por los países implicados. Poco después, el 16 de junio de 1994, seis de ellos —Estados Unidos, Rusia, China, Japón, Corea del Sur y Polonia— firmaron en Washington un tratado para gestionar juntos el abadejo del Bering central. Entró en vigor en 1995 y la moratoria sigue esencialmente en pie: más de tres décadas después, la pesca comercial en la rosquilla continúa prácticamente cerrada.

Por si el caso te parece único, el mar de Ojotsk esconde su propia versión: el Agujero del Cacahuete (Peanut Hole), otro pasillo de alta mar rodeado por aguas rusas. Ahí Rusia sí logró que, desde 2014, se le reconociera el fondo marino como parte de su plataforma continental. El océano abierto está lleno de rarezas así, desde remolinos que dieron nombre a un fenómeno hasta islas de basura con vida propia.

Al final, el Agujero de la Rosquilla es un recordatorio delicioso y amargo a la vez: cuando algo es de todos y de nadie, suele terminar vacío. Igual que el plástico que se acumula a la deriva en el Pacífico, lo que ocurre en mar abierto nos incumbe a todos.

Vía Neatorama y el Departamento de Estado de EE.UU.