
El 3 de octubre de 2010, el Gobierno alemán hizo una transferencia de 69,9 millones de euros y con ella cerró la última factura pendiente de la Primera Guerra Mundial. Habían pasado 91 años desde la firma del Tratado de Versalles. Por el camino, la deuda sobrevivió a la República de Weimar, fue repudiada por el régimen nazi, resucitó con la República Federal y aún vio la partición del país y la caída del Muro.
¿Cuánto le pidieron a Alemania por perder la guerra?
El Tratado de Versalles, firmado el 28 de junio de 1919, estableció la responsabilidad alemana en su artículo 231, pero dejó la cifra en manos de una comisión. El número llegó en mayo de 1921, con el Calendario de Pagos de Londres: 132.000 millones de marcos de oro, unos 33.000 millones de dólares de la época.
La cifra era descomunal y, en parte, escenografía. El total se repartió en tres series de bonos: las series A y B sumaban 50.000 millones y eran las exigibles; los 82.000 millones de la serie C quedaban condicionados a una capacidad de pago que nunca se dio. Según la lectura hoy dominante entre historiadores, esa serie C estaba ahí sobre todo para que la opinión pública francesa y británica viera un castigo a la altura. Un truco de escaparate no muy lejano al del director que tapó el agujero de su caja con billetes de juguete.
¿Por qué la deuda duró casi un siglo?
Porque Alemania no pagaba con dinero propio, sino con dinero prestado. El Plan Dawes (1924) y el Plan Young (1929, en vigor desde 1930) reorganizaron los pagos colocando bonos alemanes entre inversores privados, en su mayoría estadounidenses. Berlín pagaba a los aliados con lo que le prestaba Wall Street.
La Gran Depresión reventó el montaje. Los pagos se detuvieron, la conferencia de Lausana de 1932 intentó liquidar el asunto con un pago único y aquel tratado nunca llegó a ratificarse. Pero los bonos seguían ahí, con sus tenedores esperando. En 1953, el Acuerdo de Londres sobre Deudas Alemanas puso orden y fue, sobre todo, una quita: recortó cerca de la mitad de lo pendiente, ató los pagos a los ingresos por exportación y aparcó los intereses atrasados hasta el día, entonces improbable, en que Alemania volviera a ser un solo país.
El capital quedó saldado hacia 1980. Para cobrar los intereses había que esperar a que cayera el Muro.
¿Qué se pagó exactamente en 2010?
Nada que fuera a parar a los Estados francés o británico. Lo que Alemania liquidó aquel domingo fueron intereses de aquellos bonos emitidos en 1924 y 1930, en manos de inversores privados. Tras la reunificación de 1990 se fueron abonando en cuotas anuales durante dos décadas, y el último vencimiento estaba fijado, por diseño, para el mismo día en que la reunificación cumplía veinte años.

La contabilidad de una guerra acaba siendo más pintoresca que la guerra misma: hay deudas que se saldan con submarinos oxidados y otras que se arrastran durante generaciones. Esta duró cuatro años en generarse y noventa y uno en cerrarse. Comparado con eso, un concierto pensado para durar 639 años casi parece impaciente.
Vía Xataka Magnet, ABC News, The Christian Science Monitor, Peace Palace Library, World War I reparations, London Agreement on German External Debts y Lumen Learning.
