Pepsi no tuvo la sexta armada del mundo: tuvo una chatarrería

Ilustración a dos viñetas: a la izquierda una hilera de submarinos amarrados en un puerto con marineros en el muelle; a la derecha, un operario corta con soplete el casco de un submarino entre grúas de desguace
0
0

Circula por internet desde hace años: que Pepsi llegó a tener la sexta flota de guerra más grande del planeta. Es de esos datos que apetece creerse y que se repiten sin mirar. La parte rara, en realidad, es la verdadera.

En 1989 la Unión Soviética pagó a Pepsi con 17 submarinos, un crucero de guerra, una fragata y un destructor, a unos 150.000 dólares el submarino. Ninguno navegó bajo bandera de la marca: estaban desarmados y fuera de servicio, y acabaron vendidos como chatarra.

¿Por qué la URSS pagaba con barcos en vez de con dinero?

Porque no tenía con qué. El rublo no era convertible: fuera de sus fronteras no valía nada, así que Moscú solo podía comerciar con el exterior a base de divisa fuerte o de trueque. Desde el acuerdo de 1972, Pepsi cobró su refresco en vodka Stolichnaya, que revendía en Occidente.

El problema llegó cuando tocó renovar el trato y el vodka soviético ya no se vendía igual de bien. Hacía falta otra moneda de cambio, y lo que sobraba en los puertos del norte eran cascos viejos.

¿Qué hizo Pepsi con diecisiete submarinos?

Lo único sensato: deshacerse de ellos. Los barcos no podían navegar, así que la operación se montó junto a una empresa noruega y el metal se vendió al peso. Pepsi no estrenó una armada; hizo de intermediaria en un desguace, que es un negocio bastante menos cinematográfico. Algo parecido a lo que hizo la Marina estadounidense cuando vendió un portaaviones por un céntimo.

La historia, en vídeo. Vía El Archivo de Vandel.

¿De dónde sale entonces lo de la sexta armada?

De una exageración que nadie se molestó en comprobar. Comparando con el anuario Jane’s Fighting Ships de 1989-90, un país con 17 submarinos de ataque habría empatado con la India en el séptimo puesto de flotas de submarinos. Y eso es otra cosa: séptimo en submarinos no es sexto en armadas, y desde luego no lo es con submarinos que no pueden sumergirse.

Lo que sí ocurrió es la mejor frase de toda la historia. Cuando se cerró el trato, el presidente de Pepsi, Donald Kendall, se lo soltó al asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, Brent Scowcroft:

Os estamos desarmando la Unión Soviética más rápido que vosotros.

Dos años después no quedaba ni Unión Soviética que desarmar. La Guerra Fría dejó cosas más caras y menos útiles, como un radar gigantesco que llegó tarde, y episodios que parecen inventados, como el día que la CIA desmontó una sonda lunar y la devolvió antes del amanecer.

Pepsi nunca tuvo una flota. Tuvo diecisiete montones de acero flotando y un director general con una frase perfecta.

Datos verificados en Foreign Policy, HISTORY y Atlas Obscura. El vídeo es de El Archivo de Vandel.