Tienes uno en la nevera y no sospechas nada, pero el árbol del que salió lleva una doble vida con horario de oficina. Las flores del aguacate (Persea americana) abren dos veces a lo largo de dos días: la primera en fase femenina, para recibir polen, y la segunda en fase masculina, para soltarlo. Y llevan haciéndolo, con puntualidad de metrónomo, desde hace unos 42 millones de años.
¿Cómo cambia de sexo una flor de aguacate?
Los botánicos lo llaman dicogamia sincronizada: suena a diagnóstico y es una coreografía. La flor abre en fase femenina, con el estigma listo para recibir polen, y aguanta entre dos y cuatro horas. Después se cierra. Al día siguiente vuelve a abrirse, ahora con las anteras partidas y soltando polen: le toca hacer de macho.
Como cada día hay flores estrenándose y flores repitiendo, quien pasa por debajo ve un árbol entero que cambia de sexo según la hora.

¿Por qué hay aguacates de tipo A y de tipo B?
Hay dos calendarios posibles y cada variedad juega uno.
- Tipo A, como el Hass del súper: hembra la mañana del primer día, macho la tarde del segundo.
- Tipo B, como el Fuerte, el Bacon o el Zutano: hembra por la tarde, macho a la mañana siguiente.
Encajan como un engranaje: cuando las flores hembra del tipo A están abiertas, las macho del tipo B sueltan polen, y por la tarde se invierten los papeles. Un árbol solo también da fruto, pero plantar al lado uno del tipo contrario suele mejorar la cosecha.
¿Qué gen mueve ese reloj?
El comportamiento se describió hace un siglo —la clasificación A/B es de 1923—, pero nadie sabía qué lo gobernaba. A finales de julio de 2026, un equipo de las universidades de California en Davis, Riverside, San Diego e Irvine publicó en Proceedings of the National Academy of Sciences al principal sospechoso: SDMYB, un gen cuya actividad sube y baja a lo largo del día. Los árboles de tipo A llevan una copia de cada versión del gen; los de tipo B, dos copias de la versión recesiva.
«Las flores no son adornos estáticos: son estructuras muy evolucionadas y dinámicas», resume Jeffrey Groh, primer autor, en la nota de la Universidad de California en Davis.
Lo llamativo es la antigüedad: las dos versiones del gen llevan conviviendo unos 42 millones de años y asoman en al menos 26 especies de árboles emparentadas con el aguacate. Ninguna ha logrado imponerse, porque el sistema solo funciona si existen las dos. Meses antes, un equipo del Departamento de Agricultura de Estados Unidos había señalado esa misma región con otro nombre.

¿Para qué sirve saber esto?
Para dejar de esperar sentado. Un aguacate tarda entre cinco y diez años en dar su primera flor, así que quien cruzaba variedades no sabía qué le había tocado hasta pasada media década. Ahora basta con leerle el ADN a la plántula. Nada que ver con una semilla de 2.000 años, pero que se lo digan a quien plantó un bosque en el desierto.
Un aguacate maduro saca más de un millón de flores por temporada, dos turnos diarios, 42 millones de años de ensayo… y menos del 0,1 % acaba convertido en fruta. Todo para que en la frutería te cobren un dineral por uno que, encima, está duro; igual que el apio fue un lujo más caro que el caviar.
Vía ScienceAlert, UC Riverside News y UC Davis.

