Por qué una moneda lanzada desde el Empire State no puede matarte

La leyenda dice que un centavo tirado desde el Empire State atraviesa un cráneo. La física dice que, como mucho, te daría un capirotazo flojito…

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La leyenda dice que un centavo tirado desde el Empire State atraviesa un cráneo. La física dice que, como mucho, te daría un capirotazo flojito…

Es una de esas leyendas urbanas que pasan de patio de colegio en patio de colegio: si tiras una moneda desde lo alto del Empire State Building, llega abajo como una bala y le abre la cabeza al primer peatón que pase. Suena lógico. Son 381 metros hasta la azotea. Pero es falso.

Una moneda de un centavo lanzada desde el Empire State no puede matar a nadie porque el aire la frena: alcanza su velocidad máxima de caída, la velocidad terminal, tras unos 15 metros y a partir de ahí ya no acelera más. Si te acertara, notarías poco más que un golpecito.

¿Qué es la velocidad terminal y por qué frena a la moneda?

Todo lo que cae acelera por la gravedad, pero al mismo tiempo choca contra el aire. Cuanto más rápido va, más resistencia encuentra, hasta que llega un punto en que el empuje del aire compensa el peso del objeto. A partir de ahí la velocidad se queda fija: esa es la velocidad terminal.

Y el centavo lo tiene todo en contra para ser un proyectil. Es plano, así que ofrece mucha superficie al aire, y es ligerísimo: pesa apenas unos gramos. Además, no cae de canto como una bala, sino dando tumbos, lo que todavía lo frena más.

¿Cuánto corre de verdad una moneda al caer?

Aquí las cifras bailan según quién mida, pero todas se quedan muy lejos de un disparo. El físico Louis Bloomfield, de la Universidad de Virginia, reprodujo la caída con túneles de viento y globos de helio y midió que el centavo baja a unos 40 km/h. Él mismo recibió los impactos de sus monedas de prueba y, según contó, no le hicieron daño.

Sin aire, la cosa cambiaría: según los cálculos que recoge Scientific American, el centavo llegaría abajo a unos 335 km/h. Incluso así podría hacer daño, pero no atravesaría el cráneo.

El verdadero peligro no son las monedas: según cómo caiga, un bolígrafo puede ir mucho más rápido y sí podría herir a alguien.

¿Qué demostraron los Cazadores de mitos?

En un episodio emitido en octubre de 2003, el programa MythBusters (Cazadores de mitos) puso a prueba la leyenda. Dispararon centavos a unos 105 km/h contra discos de hormigón y asfalto y contra una cabeza de gelatina balística con una réplica de cráneo dentro. Ni una sola perforación. El veredicto: mito desmontado.

De paso descubrieron otro detalle que lo remata: en el propio Empire State, las corrientes de aire ascendentes y los tejados de los pisos inferiores hacen difícil que una moneda lanzada llegue siquiera a la acera.

Nueva York va sobrada de historias de altura, desde el hotel que nació por despecho hasta la ciudad entera en miniatura que un camionero construyó en su sótano. Y la física tiene rarezas mejores que una moneda asesina, como los tornados de fuego para limpiar el mar. Así que, si subes al mirador, deja el bolígrafo en el bolsillo: la moneda, como mucho, le dará un susto a una paloma.

Vía Scientific American, Ripley’s, Wikipedia (MythBusters, temporada 2003), Today I Found Out y Laughing Squid (vídeo de NOVA, PBS).

Imagen de portada generada con IA (ilustración, no fotografía).