
Imagina odiar tanto a tu tía que te gastas una fortuna solo para incordiarla. Eso, más o menos, es lo que ocurrió en la Nueva York de finales del siglo XIX. El hotel Waldorf-Astoria nació de una guerra familiar: en 1893, el millonario William Waldorf Astor levantó el hotel Waldorf pegado a la mansión de su tía para amargarle la existencia. Su primo respondió cuatro años después con otro hotel al lado. De aquel pique de ricos salió el establecimiento más lujoso de su tiempo.
¿Por qué se construyó el Waldorf pegado a una mansión?
Todo empezó por un título sin valor legal, pero con muchísimo caché: el de «la Mrs. Astor», la reina indiscutible de la alta sociedad neoyorquina. Lo ostentaba Caroline Schermerhorn Astor, tía política de William. Él consideraba que ese honor le correspondía a su propia esposa, Mary, por ser la mujer del heredero mayor del clan. La tía no cedió ni un milímetro.
Así que William tiró de la más elegante de las venganzas: demolió la mansión familiar de la Quinta Avenida y, en su lugar, abrió en 1893 el hotel Waldorf, un rascacielos de 13 plantas. El objetivo era simple: que su tía tuviera enfrente, día y noche, el trasiego de desconocidos entrando y saliendo de un hotel justo al lado de su ventana.
¿Cómo respondió el otro Astor?
La jugada salió tan redonda que Caroline acabó mudándose. Y aquí llega el giro: su propio hijo, John Jacob Astor IV —primo de William—, no se quedó de brazos cruzados. Derribó también la casa de su madre y en 1897 levantó al lado un segundo hotel, aún más alto: el Astoria.
Dos hoteles rivales, pegados el uno al otro, construidos por dos primos que se llevaban a matar.
Al final ganó lo de siempre: el dinero. Los familiares enterraron el hacha de guerra y unieron ambos edificios por un pasillo que la prensa bautizó como Peacock Alley, el «callejón del pavo real», por los adinerados que iban a lucirse. Con sus 1.300 habitaciones, el Waldorf-Astoria se convirtió en el hotel más grande del mundo de su época. No es la única construcción nacida de la pura tozudez que ha dado la historia.

¿Qué fue de aquel hotel de récord?
El edificio original no llegó a viejo. En 1929 lo demolieron para levantar en su solar uno de los rascacielos más famosos del planeta: el Empire State Building. El nombre, eso sí, no se perdió: en 1931 reabrió un nuevo Waldorf Astoria en Park Avenue, donde sigue funcionando hoy.
Moraleja de la Edad Dorada: a veces, del peor de los rencores sale el más elegante de los hoteles. Y si te enganchan estas rarezas de ladrillo, echa un ojo a la pirámide de 100 metros donde vive gente o a cómo la CIA desmontó una sonda soviética en una noche.
Vía Neatorama y Ephemeral New York.
