Cuatro palabras zanjaron 85 años de debate sobre el ornitorrinco

Cuatro palabras por cable bastaron en 1884 para zanjar si el ornitorrinco pone huevos. Las mandó un zoólogo de 25 años desde el monte australiano…

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Cuatro palabras por cable bastaron en 1884 para zanjar si el ornitorrinco pone huevos. Las mandó un zoólogo de 25 años desde el monte australiano…

Agosto de 1884. Un zoólogo escocés de veinticinco años lleva meses acampado junto a un río australiano, detrás de una respuesta que trae de cabeza a media Europa. Cuando por fin la tiene, la manda al otro extremo del mundo en cuatro palabras.

El 29 de agosto de 1884, William Hay Caldwell envió desde el sureste de Queensland (Australia) un telegrama que decía «Monotremes oviparous, ovum meroblastic», con destino a la reunión que la British Association for the Advancement of Science celebraba en Montreal (Canadá). En esas cuatro palabras cabía la prueba de que el ornitorrinco y el equidna son mamíferos que ponen huevos.

¿Por qué se discutió tanto tiempo si el ornitorrinco pone huevos?

Cuando las primeras pieles llegaron a Europa en la década de 1790, hubo quien las tomó por un fraude: un pico de pato cosido al cuerpo de otro animal. Superada esa sospecha llegó la pregunta incómoda. Un bicho con pelo, que amamanta y que encima pone huevos, rompía la frontera entre mamíferos y reptiles que la zoología acababa de dibujar con esmero.

El ornitorrinco se pasó así unos ochenta y cinco años, desde que los europeos lo conocieron, siendo el animal que no encajaba en ningún sitio. Quienes convivían con él en Australia lo tenían claro hacía muchísimo; en Londres el asunto seguía abierto a falta de una prueba que nadie ponía sobre la mesa. No sería la última vez que la fauna austral desconcertara a quien la mira de lejos.

Litografía coloreada de 1871 con un ornitorrinco sobre un tronco junto al agua y otro nadando al fondo
El ornitorrinco en The Mammals of Australia (1871), litografía de Helena Forde. Imagen: Wikimedia Commons, dominio público.

¿Qué significan exactamente esas cuatro palabras?

El telegrama es un prodigio de ahorro: dice dos cosas a la vez. Monotremes oviparous: los monotremas son ovíparos, ponen huevos. Y ovum meroblastic: en ese huevo solo se divide una parte, igual que en los de aves y reptiles, y no el óvulo entero como en el resto de los mamíferos. Traducido: no solo ponen huevos, es que los ponen a la manera de los reptiles.

Monotremes oviparous, ovum meroblastic

Detrás había meses de barro junto al río Burnett, cerca de Gayndah, con jornaleros aborígenes wakka wakka que conocían el terreno y los animales infinitamente mejor que él. Sin ellos no habría habido telegrama, y las crónicas de la época no se esforzaron en decirlo. El 24 de agosto Caldwell abatió una hembra que ya había puesto un huevo y llevaba el segundo casi fuera.

¿Qué pasó cuando el telegrama llegó a Montreal?

El cable pasó por una estación vecina, llegó a Sídney —al profesor Archibald Liversidge, amigo de Caldwell— y de ahí cruzó el planeta. Se leyó en Montreal el 2 de septiembre. Según el acta, el presidente de la sección remató que no creía que hubiera pasado nunca por los cables submarinos un telegrama científicamente más importante.

Sus ejemplares acabaron en el Museo de Zoología de la Universidad de Cambridge y allí se les perdió la pista. En mayo de 2022 el museo anunció que había localizado, sin catalogar en sus almacenes, una caja con frascos suyos; dio con ella Jack Ashby, subdirector, mientras documentaba un libro sobre mamíferos australianos. Los almacenes dan estas alegrías, como aquel zorro disecado que era un tigre de Tasmania.

Casi ciento cuarenta años después, la prueba seguía en su estante esperando que alguien preguntara, con esa paciencia de las cosas emparedadas. Cuatro palabras. Ni una de más.

Vía Futility Closet, con el relato del propio Caldwell en Philosophical Transactions (1887), el acta de la BAAS de 1884, el Museo de Zoología de Cambridge y la Universidad de Cambridge.

Foto de portada: © Charles J. Sharp, CC BY-SA 4.0.