En 1979, la isla de Amami-Oshima recibió unas treinta mangostas para acabar con su víbora más temida. Nadie comprobó a qué hora trabajaba cada una…
En 1979 llegaron a la isla japonesa de Amami-Oshima unas treinta mangostas pequeñas indias con un encargo concreto: acabar con la habu, la víbora venenosa de la isla, y de paso con las ratas que dañaban los cultivos. El plan tenía una grieta que nadie miró a tiempo: la mangosta caza de día y la habu sale de noche. Casi nunca llegaron a cruzarse.
¿Por qué las mangostas no cazaron víboras?
La mangosta pequeña india (Urva auropunctata) es diurna: sale a buscar comida con la luz. La habu es una víbora nocturna que se mueve cuando la mangosta ya duerme. Japón importó un cazador para un turno que su presa no trabajaba. Con las ratas pasó lo mismo, porque también son de noche.
Lo que sí encontró fue una isla de 712 kilómetros cuadrados, hoy parte de un conjunto Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, con una fauna que llevaba millones de años evolucionando sin ningún carnívoro terrestre de ese tipo. Hacia el año 2000, el Ministerio de Medio Ambiente de Japón calculaba unas 10.000 mangostas en la isla.

¿Qué se comieron entonces las mangostas?
Fauna endémica, lo único que había a mano y de día. La víctima más conocida es el conejo de Amami (Pentalagus furnessi), un bicho de orejas diminutas y patas de excavador que solo vive en estas islas. Con él se desplomaron la chocha de Amami y la rana de Ishikawa de Amami, que solo viven en este puñado de islas del sur de Japón.
Japón importó un depredador para un problema que solo aparecía cuando el depredador estaba dormido.
No es el único plan así que ha salido regular: la URSS soltó cangrejos reales en el Ártico y hoy Noruega no sabe qué hacer con ellos, en Florida un restaurante paga con pizzas gratis a quien cace pitones y Colombia sigue lidiando con los hipopótamos de Escobar.
¿Cuánto costó deshacer el error?
El Ministerio arrancó su programa en 2000 y en 2005 montó un equipo dedicado, los Amami Mongoose Busters, con trampas, cebos y cámaras. En 2008 sumaron perros adiestrados para rastrear mangostas. Las capturas fueron cayendo, pero no solas: unas 4.000 en 2000, menos de 1.000 en 2007 y menos de 100 en 2014, con más de 30.000 trampas repartidas por la isla. La última mangosta cayó en abril de 2018.
El 3 de septiembre de 2024, tras seis años sin un solo rastro, Japón declaró la mangosta erradicada de Amami-Oshima. Un análisis publicado en la revista Oryx por Takahiro Kubo y Kota Mameno cifra el coste del programa entre 2000 y 2024 en unos 3.570 millones de yenes (unos 23,8 millones de dólares) y estima, según una encuesta de disposición a pagar, un beneficio social muy superior. Los mismos autores apuntan que la isla es más de 600 veces mayor que las zonas donde se había conseguido erradicar antes a esta mangosta.

El 7 de febrero de 2025 se terminó de retirar la última trampa. La habu, mientras tanto, sigue allí, y sigue saliendo de noche, exactamente igual que en 1979.
Vía Ministerio de Medio Ambiente de Japón y su informe del proyecto, Oryx (Kubo y Mameno), The Japan Times y Gizmodo.
Foto de portada: Ministerio de Medio Ambiente de Japón / Wikimedia Commons, CC BY 4.0.




