Se impulsan contra el lecho del río, quedan suspendidos un instante y vuelven a caer. Un estudio comparó ese andar con moverse en microgravedad…
Imagina un hipopótamo cruzando un río. Lo has visto nadando, ¿verdad? Pues probablemente no lo haga así. Un hipopótamo no avanza a brazadas: se impulsa con las patas contra el lecho del río, se eleva y queda unos instantes suspendido antes de volver a tocar el fondo.
La ficha del San Diego Zoo Wildlife Alliance lo resume sin rodeos: no nadan realmente, avanzan impulsándose desde el fondo. En 2009 alguien se tomó la molestia de medirlo fotograma a fotograma.
¿Cómo se mueven exactamente bajo el agua?
Brittany L. Coughlin y Frank E. Fish, del departamento de Biología de West Chester University (Pensilvania), grabaron a dos hipopótamos adultos —dos hembras de unos 1.360 kilos cada una— en el Adventure Aquarium de Camden, Nueva Jersey, en una piscina de 2,4 metros de profundidad máxima. El análisis se publicó en Journal of Mammalogy.
Lo que vieron no se parecía a una brazada, sino a un andar similar a un galope, con intervalos prolongados sin apoyo. La velocidad horizontal media que registraron en ese material fue de 0,47 metros por segundo: menos de dos kilómetros por hora.
Pese a las restricciones al movimiento en tierra derivadas de su enorme peso, la locomoción del hipopótamo bajo el agua es análoga al movimiento en un entorno de microgravedad.
Coughlin y Fish, Journal of Mammalogy (2009). Traducción del original: «locomotion of the hippopotamus underwater is analogous to movement in a microgravity environment»
¿Por qué no flotan como un tronco?
Por el lastre que llevan de fábrica. Sus huesos son extraordinariamente densos —el hueso poroso se sustituye por hueso compacto— y actúan como un contrapeso, tal y como explicaba Riley Black en National Geographic al glosar el estudio. Sumergidos quedan muy cerca de la flotabilidad neutra: lo justo para apoyarse en el fondo sin pelear por no subir.
El agua no se lo pone fácil del todo: el propio artículo señala que aumenta la resistencia al avance, pero a cambio sostiene al animal. Ese es el truco. Un bicho que en tierra pesa entre una y cuatro toneladas y media se mueve ahí abajo en cámara lenta, aunque esa lentitud no le venga de serie como a los perezosos.
¿Entonces un hipopótamo sabe nadar o no?
Aquí toca ser honesto, porque los científicos no lo ven igual. Snopes calificó de verdadera la afirmación en agosto de 2023, apoyándose en fichas de zoológicos. Pero en la revista Lethaia hubo un intercambio directo: Paul Mazza firmó en 2014 un artículo titulado «Si los hipopótamos no saben nadar, ¿cómo colonizaron islas?», y un año después Alexandra van der Geer y sus colegas le respondieron que los adultos sí pueden, aunque sean algo más densos que el agua.
Lo que no discute nadie es lo de arriba: en el agua donde hacen vida, el hipopótamo no bracea, se empuja contra el suelo. Otro animal al que le habíamos atribuido un movimiento que no era el suyo, como les pasó a los cachalotes y su acento o a los capibaras y su calma.
Un adulto aguanta sumergido hasta unos cinco minutos, aunque sus inmersiones habituales duran bastante menos. Suficiente para cruzar el río a botes sin que en la superficie asome más que un par de orejas.
Vía Now I Know, Coughlin y Fish (PDF del estudio), National Geographic, San Diego Zoo Wildlife Alliance y Snopes.
Foto de portada: © Brian Snelson, CC BY 2.0.




