Yoga en ingravidez: la media hora nocturna de una astronauta

Sophie Adenot, astronauta de la ESA, flotando en una postura de yin yoga dentro de la Estación Espacial Internacional
Sophie Adenot, durante sus estiramientos de yin yoga a bordo de la ISS. Crédito: ESA
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Son las diez de la noche en la Estación Espacial Internacional —o lo que allí pasa por las diez, con dieciséis amaneceres al día— y una astronauta se pone a estirar flotando entre cables, portátiles y bolsas sujetas con velcro. No hay esterilla. No hace ninguna falta.

Sophie Adenot, astronauta francesa de la Agencia Espacial Europea (ESA), dedica media hora cada noche a estiramientos de yin yoga a bordo de la Estación Espacial Internacional, a unos 400 kilómetros sobre nuestras cabezas. Ella lo compartió en sus redes, la ESA lo difundió en sus canales y el resultado es hipnótico: sin suelo que te ancle, cada postura queda a medio camino entre la danza y la natación.

¿Cómo se hace yoga cuando no hay suelo donde apoyarse?

En la Tierra, el yin yoga consiste en posturas pasivas que se sostienen varios minutos: te dejas caer y la gravedad hace el trabajo sucio de abrir cadera y espalda. En órbita no hay nada que tire hacia abajo, así que la postura deja de sostenerse con el peso del cuerpo y pasa a mantenerse flotando, con el módulo entero de referencia. La melena, mientras tanto, va por libre.

«A bordo de la Estación dedico 30 minutos a posturas de estiramiento de yin yoga cada noche, para desconectar después de un día ajetreado», contó Adenot al compartir las imágenes en sus redes.

Adenot está en órbita desde febrero de 2026 con la misión εpsilon, y lleva meses documentando las minucias de la vida allí arriba: cómo se lava esa melena, cómo se cepilla los dientes, cómo se toma una infusión antes de dormir. En una de esas escenas anotó el marcador de a bordo: «Día 169, órbita 2618».

¿Por qué a los astronautas les conviene tanto estirarse?

Sin el peso constante de la gravedad, la columna se descomprime y los discos intervertebrales se hinchan: los astronautas ganan altura en órbita —hasta un 3 % según la NASA, unos centímetros— y la vuelven a perder cuando el peso de la gravedad los recomprime en tierra.

El problema es que ese estiramiento no sale gratis. Buena parte de los tripulantes sufre dolor lumbar durante los primeros días de adaptación, y por eso el ejercicio a bordo no es un capricho, sino agenda obligatoria: alrededor de dos horas diarias entre cinta, bicicleta y máquina de fuerza. Un gimnasio en gravedad cero tiene sus reglas. Media hora de estiramientos suaves antes de meterse en el saco de dormir encaja perfectamente en esa lógica.

Sophie Adenot y la astronauta Jessica Meir, con ropa deportiva y el pelo flotando, antes de una sesión de ejercicio en la Estación Espacial Internacional
Adenot y la astronauta de la NASA Jessica Meir, antes de una de sus sesiones de ejercicio a bordo. Crédito: NASA

Lo mejor del vídeo, en todo caso, no es la técnica: es la calma. Una persona respirando despacio dentro de una lata presurizada que da la vuelta al planeta cada hora y media, con la única preocupación de no darse en la cabeza con un armario. Allí arriba se han hecho cosas rarísimas: la NASA probó aviones sin alas y un reino del Pacífico llegó a alquilar su trozo de órbita. Y también es el sitio donde alguien estira los isquiotibiales antes de dormir.

Vía ESA.