
De las aguas olímpicas a la gravedad cero
Imagina estar dándolo todo remando, con los músculos ardiendo y el sudor en la frente, cuando de repente… ¡empiezas a flotar! No, no es que te hayas pasado con el pre-entreno, es exactamente lo que le ha ocurrido a Matthew Wells, medallista de bronce en los Juegos Olímpicos de Pekín.
Este portento físico ha cambiado su habitual embarcación y el agua por una altitud de 8.500 metros a bordo de un avión que realiza maniobras de vuelo parabólico para simular las condiciones del espacio exterior. ¿El objetivo de esta locura? Probar la próxima generación de equipamiento fitness para astronautas.

«¿Acaso no es el sueño de cualquier niño ser astronauta? Es una oportunidad de hacer algo realmente diferente y fuera de este mundo», confiesa Wells, quien afirma que esta es la prueba física más extravagante a la que se ha sometido jamás, muy por encima de sus retos Ironman o de la natación en mar abierto.
El problema de volverse de goma en el espacio
Cualquiera pensaría que vivir sin gravedad es un chollo: adiós a los dolores de espalda y a sentirte pesado después de comer. Sin embargo, para los astronautas que orbitan la Tierra, el espacio es una trampa silenciosa para sus cuerpos. Al no tener que luchar contra la resistencia natural de la gravedad, sus huesos y músculos empiezan a atrofiarse a un ritmo de vértigo.
En la actualidad, para no volver a nuestro planeta con la consistencia física de un flan, los tripulantes tienen que pasarse al menos dos horas diarias dándole duro a las máquinas del gimnasio orbital. ¡Dos valiosísimas horas que podrían estar invirtiendo en revolucionar la ciencia o, qué demonios, mirar por la ventanilla!
HIFIm: El ‘CrossFit’ intergaláctico
Aquí es donde entra en juego la curiosa máquina que Wells está sudando para testear: el HIFIm (High-Frequency Impulse for Microgravity). Esta maravilla de la ingeniería británica promete un milagro que envidiarían muchos mortales antes de verano: reducir el tiempo de entrenamiento a apenas media hora al día.
Y ojo al dato friki, porque el diseño de este aparato tiene pedigrí cinematográfico:
- Ha sido fabricado íntegramente en los famosos estudios Pinewood de Reino Unido.
- Sus creadores son ingenieros de efectos especiales ganadores de un Oscar por la cinta 1917.
- El mismo equipo ha participado en los aparatosos rodajes de sagas legendarias como Star Wars, James Bond y Misión Imposible.

De un modesto estudio de pilates rumbo a la Luna
La intrahistoria de este invento es digna de guion. Su ideólogo es John Kennett, un exingeniero aeronáutico que, tras dejar los aviones, montó un estudio de pilates. La bombilla se le encendió mientras ayudaba a rehabilitarse a un cliente que había superado un cáncer y sufría de una preocupante pérdida de densidad ósea.
Kennett ató cabos de inmediato: si su sistema de impacto y vibración controlada funcionaba en la Tierra para pacientes frágiles, sería el Santo Grial para los astronautas. «La Estación Espacial Internacional estaba perdiendo una gran oportunidad con sus equipos actuales», dedujo. Además, este aparato no necesita electricidad y está diseñado para aislar las vibraciones, evitando que el entrenamiento de un astronauta moleste o rompa experimentos delicados a bordo.
22 segundos de locura y ciencia a bordo
Para comprobar si este ingenio está listo para colarse en las misiones Artemis que planean devolvernos a la Luna, hay que ponerlo al límite donde las cosas pesan cero. Durante los vuelos parabólicos, el avión sube vertiginosamente y cae en picado, lo que otorga a los investigadores ventanas de 22 gloriosos segundos de ingravidez total para recoger datos a contrarreloj, antes de repetir la vomitiva maniobra una y otra vez.
Gracias al estómago de hierro de Matthew Wells y al trabajo de equipos conjuntos de la ESA, NASA y la Agencia Espacial del Reino Unido, parece que los habitantes de futuras colonias lunares podrán mantenerse en forma de manera rápida y eficiente. ¡Quién sabe si dentro de un par de décadas no estaremos todos apuntándonos al «método astronauta» para quitarnos los excesos navideños!
