Molly desapareció en julio de la finca familiar y quince días después estaba en un humedal canadiense, a 20 kilómetros. Nadie sabe cómo llegó…
Molly, una tortuga africana de espolones que su familia tiene desde hace unos quince años, se escapó de la propiedad familiar en Manitoba (Canadá) el pasado julio y apareció quince días después a unos 20 kilómetros de distancia, en el área de conservación de Oak Hammock Marsh, al norte de Winnipeg. Nadie ha logrado explicar del todo cómo llegó hasta allí.
Y ahí está la gracia: veinte kilómetros para un animal cuya principal virtud es no llegar pronto a ningún sitio no son un paseo, son una expedición.
¿Qué hacía una tortuga africana en un humedal canadiense?
La tortuga africana de espolones es una especie del Sahel, la franja semiárida al sur del Sáhara: grande, pesada y diseñada para el calor seco. La CBC calcula que Molly ronda los 36 kilos. En la pradera de Manitoba no hay ejemplares sueltos por el campo, así que cuando los visitantes de Oak Hammock Marsh empezaron a avisar de que habían visto una tortuga enorme, el personal se lo tomó con escepticismo.
«Pensamos que a lo mejor la gente estaba confundiéndola con una tortuga mordedora, porque de esas sí tenemos», explicó Gillian Malchuk, intérprete de naturaleza de Oak Hammock Marsh.
En el centro barajaron también tortugas pintadas o, directamente, «una piedra grande». La duda se disipó cuando alguien registró el avistamiento en iNaturalist, la aplicación de ciencia ciudadana donde se suben fotos de fauna geolocalizadas. No era una piedra: era una tortuga del Sahel paseándose por un humedal canadiense.
¿Cómo consiguieron atraparla?
Aquí la historia se desinfla de la mejor manera. Tras dos días peinando la reserva sin suerte, Molly resolvió el problema sola: se plantó en el aparcamiento del centro de interpretación. Un visitante lo avisó en el mostrador, el personal salió corriendo a buscarla entre los juncos y fue un conductor que pasaba quien la señaló, detrás de ellos.
Malchuk se la llevó a su propia casa mientras localizaban a la dueña; en el centro le habían dado pepinos y pétalos de flores. Encontrar a la familia fue fácil: bastó con dar con su aviso de mascota perdida en redes. En Manitoba no se pierden muchas tortugas.
¿Recorrió ella sola los 20 kilómetros?
Eso sigue sin resolverse. En el centro hay quien defiende la versión épica: que hiciera el camino a pata, cruzando campo abierto quince días.
«No me extrañaría de ella», dijo Malchuk, que añadió: «Sí que pasé un rato con Molly, y tiene un espíritu bastante fuerte y es todo un Houdini en mi jardín».
Ella, sin embargo, se inclina por una explicación menos heroica: «Creo que probablemente algún buen samaritano pensó que su sitio era el humedal, la vio en una carretera, la recogió y la trajo hasta aquí, creyendo que hacía el bien, sin darse cuenta de que este no era realmente su hábitat».
Es decir: alguien vio una tortuga descomunal en mitad de la nada, dedujo que debía vivir en una zona húmeda y la alejó 20 kilómetros de casa con la mejor intención.
La dueña la recogió el 22 de julio. No es la primera mascota que reaparece lejísimos de donde se perdió —Chong, el perro que volvió a los cinco años, dejó el listón alto— ni el único animal que la organiza por allí: hace nada dos cabras se colaron en un autobús urbano y un oso quedó encerrado en un coche tocando el claxon. Pero que sea una tortuga, y en Canadá, tiene mérito.
La reserva no contó la aventura hasta agosto. Y la única testigo fiable de esos quince días tiene, siendo tortuga, décadas por delante para no contarlo.
Vía CBC News, CTV News Winnipeg y Classic107.




