Los vecinos de Gold Hill, un pequeño pueblo de montaña de Colorado (Estados Unidos), pasaron una noche entera oyendo un claxon y maldiciendo al vecino maleducado de turno. Al amanecer descubrieron al culpable: un oso negro se había metido en un todoterreno, había cerrado la puerta sin querer y llevaba horas apoyado en la bocina pidiendo que alguien lo sacara.
El vídeo, compartido por el vecino Patrick Sullivan, muestra al animal moviéndose nervioso dentro del coche cerrado mientras el pitido resuena por la calle. Es el último protagonista de una larga tradición de animales que la lían en sitios donde no pintan nada.
¿Cómo acabó un oso encerrado en un coche?
La secuencia es de manual del despiste. El oso encontró el todoterreno sin cerrar, se subió a curiosear y, al moverse dentro, la puerta se cerró tras él. Sin manijas que entienda ni pomos que girar, el animal quedó atrapado. Y como buen novato al volante, lo primero que activó fue el claxon.
Durante horas, el pitido intermitente sonó por todo el pueblo. Los residentes, convencidos de que era un coche mal aparcado o un gamberro, no salieron a comprobarlo hasta que se hizo de día.
¿Cómo consiguieron sacar al oso del vehículo?
El rescate fue tan sencillo como ingenioso. El dueño del coche ató una cuerda larga al tirador de una de las puertas traseras y se alejó a una distancia prudente. Desde allí tiró, la puerta se abrió y el oso salió disparado hacia el bosque sin mirar atrás.
El vehículo no corrió la misma suerte: quedó con el interior destrozado, daños en un panel lateral y hasta el airbag del conductor disparado. Un precio caro por dejar el todoterreno abierto.
¿Es normal que los osos se metan en los coches?
Aunque cueste creerlo, pasa más de lo que parece. En las zonas de montaña de Estados Unidos, los osos asocian los coches con comida —basta un envoltorio olvidado— y algunos aprenden incluso a abrir las puertas. La organización conservacionista The Bear League, con base en el lago Tahoe, asegura atender entre 15 y 25 avisos de osos que abren vehículos cada día solo en esa región.
Tampoco es el único plantígrado con afición a colarse donde no lo llaman: hace poco un oso pardo se coló en un hotel del Tíbet y abrió la puerta de una habitación ocupada. Los expertos repiten el consejo de siempre: en territorio de osos, cierra el coche con llave y no dejes nada que huela a comida.
Así que la próxima vez que un claxon te desvele de madrugada, asómate antes de insultar al vecino: quizá quien pide paso al volante sea un oso con muchas ganas de volver a casa.
Vía UPI.

