Imagina que coges una muñeca rusa y la conviertes en geografía. Una isla diminuta descansa en un lago. Ese lago está encima de otra isla. Y esa isla flota en otro lago, que a su vez corona una isla mucho mayor. Cinco capas de tierra y agua, una metida dentro de la otra. No es un juego mental: existe de verdad, y está en Canadá.
Los geógrafos lo llaman isla recursiva de quinto orden, y solo se conoce una en todo el planeta. Está escondida en el lago Yathkyed, en la región de Kivalliq (Nunavut), un rincón subártico tan remoto que la islita del centro ni siquiera tiene nombre.
Una matrioska de agua y tierra
El esquema marea un poco: el enorme lago Yathkyed contiene una isla; sobre esa isla hay un lago; dentro de ese lago hay otra isla; encima de ella, otro lago; y en el corazón de ese último lago asoma un peñasco minúsculo. Isla, lago, isla, lago, isla. Fin del trayecto.
Que la cosa baje tan hondo es rarísimo. Cada nivel necesita una porción de tierra y una de agua más pequeñas que las anteriores, así que pasar de la cuarta capa resulta casi imposible. Por eso esta es la única de quinto orden documentada en el mundo.
Nadie ha puesto un pie en la isla más interior. Y tampoco hace falta para saber que está ahí.
La formación saltó a la fama cuando una imagen del lugar empezó a circular por internet y la curiosidad corrió como la pólvora. Llegar es otro cantar: además de estar en mitad de la nada helada, toda la zona del lago pertenece a una empresa minera de oro. Un escondite de villano de película, pero con el presupuesto justito.
La versión famosa vive en Filipinas
Si te suena la idea, es por su prima pequeña: Vulcan Point, en Filipinas. Es la mayor isla de tercer orden del planeta: un islote en el lago del cráter del volcán Taal, que se levanta en una isla, que está en el lago Taal, que a su vez está en la isla de Luzón. Tres capas en vez de cinco, pero con un volcán activo de por medio.
Vulcan Point tiene hasta sus sustos. En la erupción del Taal de 2020, el lago del cráter se secó y el islote se quedó pegado a tierra firme durante unos meses, hasta que el agua volvió a rellenar su sitio.
Nuestro planeta esconde rincones así por todas partes: desde un glaciar antártico que sangra hasta una carretera imposible tallada a mano en un acantilado chino, o una isla croata donde un palacio entero intentó tragarse una casa. La geografía, cuando se pone creativa, no necesita Photoshop.
Vía Neatorama, con datos de Wikipedia y Atlas Obscura.

