Levantaron diez torres para blindar la residencia de un emperador. En la planta baja de una de ellas había un baño privado con vapor y suelo caliente…
Muros de piedra con hiladas de ladrillo, planta cuadrangular, diez torres rodeando la residencia de un emperador. Todo en el sitio grita fortaleza. Y entonces los arqueólogos excavan la planta baja de una de esas torres y lo que sale no es un almacén de armas: es un cuarto de baño de lujo.
En el yacimiento de Vrelo–Šarkamen, cerca de Negotin, en el este de Serbia, un equipo ha localizado un baño privado romano —un balneum— construido en el nivel más bajo de la torre de la esquina suroeste de un palacio fortificado de principios del siglo IV. Dentro hay tres pequeñas piscinas o bañeras, una sala de vapor y calefacción bajo el suelo. Los arqueólogos que lo excavan dicen que, por ahora, no se conoce otro caso igual en el Imperio romano.
¿Qué había exactamente dentro de la torre?
La sala se adaptó al hueco de la torre, así que tiene planta circular, y estaba cubierta por una cúpula perforada por seis aberturas que hacían de ventanas. Junto a las tres piscinas se han identificado un sudatorium —la sala de vapor— y un praefurnium, el horno que alimentaba todo el invento.
Lo mejor conservado es el hipocausto, el sistema de calefacción por aire caliente: las columnillas de ladrillo que sostenían el suelo elevado siguen en pie, como si el último baño hubiera sido anteayer. También queda el asiento de la caldera de cobre que calentaba el agua. La caldera, no.

¿Por qué dicen que no tiene paralelo conocido?
Termas romanas hay a miles, y de todos los tamaños. Lo raro aquí es el sitio: en vez de levantar un edificio termal aparte, alguien metió el spa en el bajo de una torre defensiva. El Instituto de Arqueología de Belgrado, que excava el yacimiento en colaboración con el Museo de Krajina, señala que por ahora no se conoce ningún paralelo directo de esta disposición en el resto del Imperio.
Unas termas privadas metidas dentro de una torre defensiva, y de momento sin ningún equivalente conocido en todo el mundo romano.
La campaña la codirigen la doctora Marija Jović, investigadora del Instituto de Arqueología, y Gordan Janjić, asesor del Museo de Krajina, con apoyo del Ministerio de Cultura de la República de Serbia.
¿Quién vivía en el palacio de Šarkamen?
El complejo se atribuye a Maximino Daya, uno de los gobernantes de la tetrarquía, esa época de emperadores repartidos que también nos dejó el arco de Constantino. Daya murió en 313, después de perder la guerra civil contra su rival Licinio, y con él se acabó la obra.
No es la primera sorpresa del yacimiento. Hace tres décadas apareció allí un mausoleo imperial con un conjunto excepcional de joyas de oro —collares, anillos, pendientes— y nueve finas láminas de oro con improntas de monedas imperiales. Aquello puso Šarkamen en el mapa de la arqueología europea; esto lo devuelve.
Otra manía imperial para la colección, junto a los romanos que enterraban los rayos con su lápida, los que empotraron una cabeza ibérica en el muro de un granero y el sarcófago que pasó dos siglos haciendo de maceta. Torre de vigilancia arriba, sauna abajo.
Vía La Brújula Verde, HeritageDaily, Arkeonews, Live Science, la ficha del yacimiento del Instituto de Arqueología de Belgrado y la del Museo de Krajina.
Foto de portada: Museo de Krajina.




