Los romanos enterraban los rayos y les ponían una lápida

En Villa Adriana ha aparecido la losa que señala dónde cayó un rayo. Los romanos los enterraban con sacrificio y dejaban constancia por escrito…

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En Villa Adriana ha aparecido la losa que señala dónde cayó un rayo. Los romanos los enterraban con sacrificio y dejaban constancia por escrito…

En la Roma antigua un rayo no era meteorología: era un mensaje. Y el sitio donde caía dejaba de ser de nadie. Se recogía lo que la descarga había tocado, se enterraba con un sacrificio y se marcaba el punto por escrito, igual que una tumba. En Villa Adriana, la residencia que el emperador Adriano se hizo construir en Tívoli, acaba de aparecer una de esas señales, y sigue exactamente donde la pusieron.

¿Qué pone en la losa aparecida en Villa Adriana?

Es una placa de mármol de unos 40 por 35 centímetros, con dos líneas de letras capitales: FVLGVR SVBMANIVM, «rayo atribuido a Summano». Apareció en la zona del llamado Anfiteatro, encajada en el frente de una pequeña construcción cuadrangular de bloques de toba unidos con mortero y —esto es lo excepcional— todavía en su posición original.

Excavación al aire libre con la pequeña estructura cuadrangular de toba que lleva la losa inscrita en su frente
La estructura de toba con la losa encajada en el frente. Foto: © Ministero della Cultura – Istituto Villa Adriana e Villa d’Este.

Excava la Universidad de Urbino Carlo Bo, con permiso del Ministerio de Cultura italiano y junto al Instituto Villa Adriana y Villa d’Este, bajo la dirección del arqueólogo Fabio Giorgio Cavallero. Es la tercera campaña en la zona y va del 31 de agosto al 26 de septiembre de 2026. Según los investigadores, la construcción podría ser el señalizador o la delimitación de un bidental, el recinto sagrado que se levantaba donde había caído el rayo.

Este hallazgo desplaza la atención de las grandes arquitecturas a la esfera más íntima de la religiosidad romana

Alberto Samonà, director del Instituto Villa Adriana y Villa d’Este

¿Por qué los romanos enterraban los rayos?

Porque el lugar alcanzado se volvía religiosus: pasaba a pertenecer al dios y quedaba fuera del uso corriente. El procedimiento tenía nombre técnico, fulgur conditum («rayo sepultado»): se recogían los restos de lo que había tocado, se enterraban con las fórmulas del caso y un sacrificio, y se señalizaba el punto para que nadie lo pisara por descuido.

De ahí sale la palabra bidental, que la explicación tradicional hace venir de la bidens, la oveja de dos años que se ofrecía en la ceremonia. Roma no improvisaba: el arte de leer los rayos lo había heredado de los etruscos, con protocolo para cada caso. La misma cultura que empotró una cabeza ibérica en el muro de un granero y que luego reaprovechó relieves de tres emperadores —Adriano incluido— en un arco de triunfo.

¿Quién era Summano, el dios de los rayos nocturnos?

Summano se ocupaba de los rayos que caen de noche; los diurnos eran cosa de Júpiter. Tuvo templo propio cerca del Circo Máximo, dedicado hacia el 278 a.C. durante la guerra contra Pirro, y su aniversario caía el 20 de junio. Aun así se le fue olvidando: Ovidio, al llegar a esa fecha en los Fastos, escribe que el templo se dedicó a Summano, quienquiera que sea. Ajustar la piedra al cielo no era solo cosa romana: en Cerdeña, un pozo por el que el sol baja veinticinco escalones.

Su mejor momento, con todo, es otro. Cicerón cuenta en De divinatione que un rayo arrancó la cabeza de la estatua de barro de Summano que había en el frontón del templo de Júpiter, en el Capitolio, y que la cabeza apareció en el Tíber, en el punto exacto que habían señalado los arúspices. Al dios de los rayos lo dejó sin cabeza un rayo. Y conociéndolos, alguien tuvo que apuntar dónde.

Vía AGI, Exibart, el comunicado del Ministerio de Cultura italiano y La Brújula Verde.

Foto de portada: © Ministero della Cultura – Istituto Villa Adriana e Villa d’Este.