Desentierra en su jardín una escultura que nadie sabe de quién es

Cabeza de piedra tallada, con una grieta en la frente, apoyada en el jardín junto a una valla de madera tras ser desenterrada
La escultura de caliza que apareció enterrada en el jardín. Foto: KTVU FOX 2 (uso editorial).
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Greg Gatwood estaba nivelando la tierra del jardín de su casa, en el barrio de Russian Hill de San Francisco, cuando la pala topó con algo duro y rectangular. Pensó que era un cascote de hormigón y siguió cavando para sacarlo. Al darle la vuelta se encontró mirando una cara.

Lo que apareció bajo el jardín de esa casa de Russian Hill es una escultura de piedra con el rostro de una mujer que nadie ha logrado atribuir a ningún autor. Ni sus dueños ni el experto que ha opinado sobre ella saben quién la talló, ni cuánto tiempo llevaba ahí abajo.

¿Qué apareció exactamente bajo el césped?

Según el reportaje de la KTVU, se trata de la cabeza y el cuello de una mujer tallados en caliza: unas 150 libras de peso (unos 68 kilos), unos 60 centímetros de ancho y algo más de 20 de grosor. Estaba enterrada a casi 60 centímetros de profundidad, y la pareja no sabe si alguien la tiró ahí o la escondió a propósito.

Judy Gittelsohn, artista y pareja de Gatwood, se fijó enseguida en el acabado de la talla.

«Conseguir esa transición suave tallando piedra, del tipo que sea, es un trabajo realmente magistral»

¿Por qué salió el nombre de Ralph Stackpole?

Gittelsohn lo comentó con otros artistas y uno de ellos soltó un apellido que lo cambió todo. «Uno de ellos dijo: “Eso parece un Stackpole”. Se me pusieron de punta todos los pelos del cuerpo», contó a la KTVU.

Ralph Stackpole, muerto en 1973, fue uno de los escultores y muralistas más reconocidos del San Francisco de entreguerras: suyas son las moles de granito de la antigua Bolsa de la ciudad y parte de los murales de la Coit Tower. Y hay un detalle que alimenta la sospecha: dio clases en la escuela de bellas artes que después se llamó San Francisco Art Institute, a muy poca distancia del jardín donde apareció la piedra.

¿Se puede demostrar quién la talló?

Ahí es donde la historia se atasca. Ken Middlebrook, conservador de colecciones de History San José, lo resumió sin rodeos: «Es un tesoro lo que acaban de encontrar. La dificultad será tratar de identificar quién lo hizo». Él llama a estos casos history mystories: un juego de palabras entre mystery e history.

De momento nadie ha conseguido ponerle un nombre. La propia Gittelsohn se inclina por lo más prudente: que sea obra de alguno de los alumnos de Stackpole y no del maestro. Tampoco sería la primera vez que una pieza notable pasa décadas disfrazada de trasto, como aquel sarcófago romano que ejerció de maceta durante dos siglos en un palacio inglés.

La pareja no piensa venderla: planean exponerla en el jardín que están reformando. Una escultura anónima, justo en el punto opuesto de esas otras que se levantan para contar algo muy concreto, como el guionista de bronce metido en una bañera o los 18 perros que vigilan un hueso dorado. Aquí lo único que falta es, precisamente, la historia.

Vía KTVU FOX 2, NBC Bay Area y UPI.