Trescientos mil ladrillos italianos plantados entre fachadas claras de la Costa Azul. En Niza se contó durante décadas que los planos venían cambiados…
En una ciudad de fachadas claras, estuco y persianas de colores, la oficina de correos de la avenue Thiers de Niza es un bloque de ladrillo rojo rematado por una torre de reloj de 27 metros. Desentona tanto que durante décadas circuló por la ciudad una explicación tentadora: que los planos se habían traspapelado y ese edificio iba destinado al norte de Francia.
¿Por qué hay un edificio de ladrillo rojo en plena Costa Azul?
El Hôtel des Postes de Niza se levantó entre 1930 y 1931 y se inauguró el 7 de diciembre de 1931. Lo firmó Guillaume Tronchet, arquitecto del gobierno francés, y para construirlo se trajeron unos 300.000 ladrillos de Sarzana, en la Liguria italiana. La ficha del Ministerio de Cultura francés detalla la mezcla: formatos largos y de medio largo, piezas biseladas, ángulos en cuarto de bocel y aparejos variados para dar relieve a la fachada.
No sirvió de mucho. Esa misma ficha cuenta que el estilo, muy diferente al de los inmuebles del barrio, chocó desde el primer día por su aspecto austero, y destaca en el otro extremo tres vidrieras de Grüber. No es el único edificio que no encaja con su vecindario: en China hay una pirámide de cien metros llena de pisos.
¿De dónde salió la leyenda de los planos cambiados?
La versión que se contaba en Niza era que el edificio había llegado por un error administrativo desde el norte del país, y la ciudad que solía aparecer en el relato era Lille, tierra de ladrillo por tradición. Una leyenda urbana redonda: explica de un plumazo algo que no cuadra en el paisaje.
Solo que no se sostiene. Las fichas oficiales del inmueble ni siquiera la mencionan, y la prensa local de Niza recuerda que el propio Tronchet desmintió siempre la historia: aquel edificio, sostenía, se había pensado para Niza. No sería la primera historia repetida durante generaciones que se cae al mirar los papeles: a un rey inglés le inventaron un punto ciego asesino por una abreviatura mal leída.
¿Qué escondía el edificio debajo de la avenida?
Lo más raro no estaba a la vista. El Ministerio de Cultura describe un ingenioso túnel que unía la oficina directamente con los andenes de la estación, para llevar los sacos postales en carritos sin pisar la calle. Las reseñas históricas del edificio precisan la obra: 43 metros de largo y cuatro de ancho, excavados bajo la avenida en 1931. El Ministerio suma otro detalle que entonces sonaba a ciencia ficción: la enorme sala de clasificación tenía ventilación ozonizada.
En noviembre de 2000 el Estado francés le concedió la etiqueta Patrimonio del siglo XX, hoy rebautizada como arquitectura contemporánea notable. Es una distinción honorífica: la ficha del Ministerio sigue anotando el edificio como no protegido.
Sigue frente a la estación de Nice-Ville, con la oficina de correos abierta, y parte del inmueble ha cambiado de oficio: en diciembre de 2020 La Poste anunció que más de 2.400 metros cuadrados se convertían en un coworking de unos 300 puestos. El ladrillo rojo, mientras tanto, sigue desentonando, como esa casa croata que un palacio entero no logró tragarse. Y en Niza todavía hay quien prefiere la versión del sobre mal entregado.
Vía Atlas Obscura. Datos del edificio: Plataforma Abierta del Patrimonio y ficha de la DRAC. El túnel, en Provence 7 y en la estación de Nice-Ville. La leyenda y el desmentido, en L’Essentiel Nice y en el blog de FO Com Alpes-Maritimes. El coworking, en La Poste. Ilustración de portada generada con IA; no es una foto del edificio real.




