En la isla croata de Brač, una familia levantó un palacio entero alrededor de la casa que un vecino se negó a venderles. Y entonces apareció el mar…
Imagina que ahorras durante años para construir el palacio de tus sueños y, justo en mitad del solar, hay una humilde casa de piedra cuyo dueño se niega en redondo a venderte. ¿Qué haces? En la isla croata de Brač, una familia adinerada tomó la decisión más surrealista posible: levantar el palacio alrededor de la casa. Y ahí sigue, más de un siglo después.
El lugar está en Bol, un pueblo costero de postal en el sur de Croacia. Los vecinos la llaman «Kuća u kući» (la casa dentro de la casa), aunque también responde al nombre del palacio que jamás se terminó: Paloc. Desde el aire, la estampa no se olvida: un tejadito de tejas rojas encajado, como una matrioska, entre los altos muros desnudos de un caserón sin techo.
Un pulso entre un vecino cabezota y tres capitanes de barco
Cuenta la leyenda —y conviene tomarla como tal— que a finales del siglo XIX la próspera familia Vuković quiso construir su gran residencia en Bol. Fue comprando parcelas a buen precio hasta toparse con un hueso: un lugareño apodado «Sila» («el fuerte»), que se negó a soltar su casa por mucho dinero que le pusieran delante.
Los Vuković, tres hermanos capitanes de barco, decidieron que, si no podían comprar la casa, la rodearían. Empezaron a alzar los muros del palacio a pocos metros, convencidos de que el agobio acabaría echando al testarudo. No funcionó.
La idea era asfixiar al vecino para que se rindiera. Acabó pasando justo lo contrario.
El giro lo puso el mar. Según el relato local, los tres hermanos zarparon hacia Venecia a buscar materiales para el tejado y su barco naufragó: murieron los tres. Sin herederos que continuaran la obra, el palacio quedó congelado para siempre, a medio construir, mientras la casita seguía intacta en su interior.
Hoy «Paloc» es monumento protegido y una de las paradas más fotografiadas de Brač, una especie de homenaje a la cabezonería de quien planta cara a los poderosos. Si te van estas rarezas hechas de ladrillo, no te pierdas la pirámide china de cien metros donde vive gente, ni esta colección de datos históricos tan surrealistas que parecen inventados.
Vía Oddity Central.




