Un oso pardo se cuela en un hotel del Tíbet y abre una habitación

Un oso pardo erguido empuja con las patas la puerta de una habitación en el pasillo de un hotel, como el que se coló de madrugada en el Tíbet
Ilustración: recreación del oso que se coló en el hotel del Tíbet (imagen generada con IA).
0
0

Imagina que te despiertas a las tantas de la madrugada, oyes que algo empuja la puerta de tu habitación de hotel y, al abrir los ojos, te topas de frente con un oso pardo. No es el arranque de una peli de terror de serie B: le pasó de verdad a quien dormía en un hotel del Tíbet.

Ocurrió el pasado 4 de julio en Nagqu, en plena meseta tibetana. Un oso pardo tibetano entró tan tranquilo por la puerta principal, hizo una parada técnica en el recibidor para beberse el agua embotellada y, ya hidratado, subió por su cuenta a la segunda planta.

Una puerta cerrada no frena a un oso con curiosidad

Allí se plantó frente a una habitación ocupada y empezó a empujar la puerta con las patas delanteras hasta abrirla. Las cámaras de seguridad del hotel grabaron toda la secuencia: el oso asomando el morro en el cuarto mientras dentro alguien trataba de asimilar la escena. La visita, por suerte, fue cortísima. El animal echó un vistazo, no encontró nada más apetecible que el agua del vestíbulo y se marchó por donde había venido.

El dueño del establecimiento reaccionó con lo que tenía a mano: agarró una linterna y varias herramientas para asustarlo y guiarlo hacia la salida. Nadie resultó herido, más allá del susto de manual y de una puerta que quedó para el carpintero.

Un oso llamando a tu puerta de madrugada le gana por goleada a cualquier despertador.

Que un oso baje a zonas habitadas no es tan raro como parece: cuando escasea la comida en la montaña, un edificio con agua y despensa fácil se convierte en un imán perfecto. Y tampoco es el primer animalote que se cuela donde no lo llaman. Ya vimos a un búfalo a la fuga por una autopista alemana e incluso a unos yaks tibetanos fichados como jardineros en un colegio de Ohio.

El hotel ya ha reparado la puerta y ha reforzado la seguridad para que el oso se quede con las ganas la próxima vez. Porque una cosa es pagar por una noche de hotel inolvidable y otra muy distinta acabar compartiendo habitación con un plantígrado de propina. Vía UPI.