El museo de toallitas húmedas escondido en un planetario

Sparty, la mascota de la Universidad Estatal de Míchigan, posa en el despacho del planetario Abrams junto a las estanterías de toallitas húmedas y el cartel del Moist Towelette Museum
El museo ocupa un despacho del planetario Abrams. Foto: Abrams Planetarium / Universidad Estatal de Míchigan.
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Imagina que entras en el planetario de una universidad buscando estrellas y agujeros negros y, al fondo de un despacho, te topas con las estanterías forradas de sobres de toallitas húmedas. Cientos. De aviones, de hamburgueserías, de países que no sabrías colocar en el mapa a la primera. No es el cajón desordenado de nadie: es un museo de verdad, con su cartel y todo.

El Moist Towelette Museum ocupa un rincón del planetario Abrams de la Universidad Estatal de Míchigan, en East Lansing, y en los últimos recuentos publicados ya reunía más de 1.000 toallitas húmedas llegadas de todo el mundo. De todas ellas, solo una está usada.

¿Por qué hay un museo de toallitas húmedas dentro de un planetario?

La culpa la tiene John French, que durante años fue coordinador de producción del planetario Abrams y hoy figura como conservador emérito del museo que él mismo fundó. Empezó a guardar toallitas en los años noventa, mientras trabajaba en un planetario de Pittsburgh, y en cuanto sus compañeros se enteraron de la manía dejaron de tirar las suyas y empezaron a mandárselas.

Según cuenta el propio planetario, el salto de manía a museo llegó en Texas: French tenía los sobres amontonados en su despacho del planetario del Navarro College, en Corsicana, y durante un congreso los colocó en una vitrina que estaba vacía. Funcionó. Cuando a comienzos de los 2000 se mudó a Míchigan, la colección se mudó con él, y el planetario Abrams acabó siendo la sede de uno de los museos más pequeños y más raros del mundo.

¿Qué se puede ver en el museo de las toallitas?

El catálogo es un retrato involuntario del consumo del siglo XX. Hay refrescantes de vuelo de Lufthansa, de British Airways y hasta de Iberia Regional. Hay sobres de KFC, de McDonald’s y de los Hard Rock Cafe de Pekín y Kuala Lumpur. Y hay unas Finger Pinkies rosas que se vendieron en su día como limpiamanos de oficina, con la promesa de quitar de los dedos la tinta de la máquina de escribir y el papel carbón.

El sobre más antiguo del museo es una caja de Wash Up! de 1963. La única toallita usada de todo el fondo la donaron Tom y Ray Magliozzi, los hermanos que presentaron durante décadas Car Talk en la radio pública estadounidense: es la pieza única de lo que French llama su galería de famosos.

Tres sobres de toallitas húmedas de Star Trek con el capitán Kirk, la nave Enterprise y Spock sobre fondo blanco
El santo grial pendiente: en 2021 French contaba que de estas toallitas de Star Trek aún solo tenía la foto. Imagen: Moist Towelette Museum.

¿Se puede visitar el museo de las toallitas húmedas?

Se puede, pero conviene avisar antes. El museo no tiene sala propia: vive literalmente dentro del espacio de trabajo de alguien, así que abre cuando abre la oficina del planetario y desde allí recomiendan llamar por teléfono antes de plantarse en la puerta. Quien no quiera cruzar el Atlántico tiene el museo en versión online, con decenas de sobres escaneados por delante y por detrás.

Míchigan, un estado que ya nos regaló un gato con 28 dedos, suma así otra rareza a su expediente. Y visto lo visto, el museo que cubrió su suelo con crema de cacahuete o el santuario japonés para peluches casi parecen instituciones sobrias. Queda la pregunta incómoda: ¿cuántas toallitas has tirado tú sin leer siquiera lo que ponía en el sobre?

Vía Neatorama y el planetario Abrams.