Japón abre el primer santuario del mundo para peluches

En un bosque de Kioto acaba de nacer el Nuigurumi Jinja, un santuario sintoísta donde los japoneses van a dar las gracias y a despedir a sus peluches…

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En un bosque de Kioto acaba de nacer el Nuigurumi Jinja, un santuario sintoísta donde los japoneses van a dar las gracias y a despedir a sus peluches…

Imagina que tu osito de peluche de toda la vida, ese que perdió un ojo allá por 1998 y todavía huele a infancia, tuviera derecho a un funeral con todas las de la ley. En Japón ya lo tiene: en un bosque de la prefectura de Kioto acaba de nacer el Nuigurumi Jinja, el primer santuario del mundo dedicado por entero a los peluches.

Está en Miyama, una zona boscosa de la ciudad de Nantan, y no es ninguna broma para turistas. Lo ha levantado Komichi Horiguchi, fundador del Nuigurumi Byoin (literalmente, el «Hospital de Peluches»), un taller de Osaka que lleva reparados más de 26.000 muñecos. Después de tantos años cosiendo orejas y rellenando barrigas, quería un sitio donde poder despedirlos como se merecen.

Torii de madera con orejas de oso y santuario de techo de paja del Nuigurumi Jinja, en un bosque de Kioto
El torii rematado con orejas de oso y el santuario de techo de paja, en Miyama. Vía Spoon & Tamago.

Un lugar para dar las gracias, no para rezar

El santuario no propone adorar a los peluches, sino algo bastante más tierno: agradecerles la compañía. La idea bebe de una creencia muy japonesa, la de que los objetos queridos acaban albergando una especie de alma, y de que bosques, ríos, animales, personas y muñecos forman parte del mismo tejido.

«Queríamos crear un lugar donde los dueños pudieran expresar su gratitud a los peluches que han cuidado de ellos».

Por eso ofrece ceremonias de agradecimiento y ritos de despedida para los peluches que ya no tienen arreglo o cuyos dueños han fallecido. Hay amuletos, sellos goshuin para los cuadernos de los peregrinos y hasta una caja donde dejar por escrito tus «palabras de gratitud», que un sacerdote lee en voz alta en un día propicio. Está previsto añadir incluso una zona para incinerarlos con ceremonia y guardar sus cenizas.

La estética acompaña al delirio: un torii de madera rematado con orejas de oso, ventanas con forma de osezno y un tejado de paja en plena espesura. Hasta tiene mascotas guardianas, un hada melocotón y un valiente oso polar. No es la única rareza entrañable que sale de Japón, pero pocas apelan tan directo al niño que llevas dentro.

El rito fundacional se celebró en junio y la apertura completa al público está prevista para el 7 de julio, coincidiendo con el festival de Tanabata. Si todo esto te suena a excentricidad, recuerda que no estamos tan lejos: aquí también hay quien colecciona peluches por miles o quien fantasea con importar costumbres de otros países. Despedir con cariño un trozo de tu infancia, bien mirado, tiene poco de raro.

Vía SoraNews24.