Un museo de Róterdam ha extendido más de 360 kilos de crema de cacahuete por el suelo para homenajear al artista que hizo del absurdo su gran obra…
Imagina que entras en un museo, bajas la vista y descubres que toda una sala está cubierta por una capa lisa y reluciente de mantequilla de cacahuete. No es un accidente ni una gamberrada de última hora: es la obra estrella de la temporada.
El Museum Boijmans Van Beuningen, en Róterdam (Países Bajos), acaba de recrear en su sede del Depot la Pindakaasvloer —literalmente, «suelo de mantequilla de cacahuete»—, una de las piezas más célebres del arte conceptual holandés. Y no ha escatimado ni un gramo.
Más de 360 kilos de crema para untar 15.000 bocadillos
Dos empleados del museo tardaron varios días en extender 40 botes de mantequilla de cacahuete de la marca Calvé sobre un hexágono de unos 25 metros cuadrados. La alisaron con llanas de yeso hasta dejar una capa perfectamente uniforme de apenas dos centímetros de grosor.
El resultado son más de 360 kilos de crema —el equivalente a unos 15.000 bocadillos— desplegados como un enorme espejo pegajoso. La instalación permanecerá expuesta durante dos meses, así que hay tiempo de sobra para contemplarla… y para que la sala huela a merienda.
El homenaje a un provocador irrepetible
Detrás de la ocurrencia está Wim T. Schippers, artista, humorista y agitador cultural que estrenó esta obra por primera vez en 1969, en una galería del pueblo de Loenersloot. Schippers falleció el pasado junio a los 83 años, y el museo ha querido despedirlo de la forma más suya: volviendo a untar el suelo.
En los Países Bajos era un personaje querido y camaleónico. Ligado en los sesenta al movimiento Fluxus, también puso voz a Epi y a la rana Gustavo en la versión holandesa de Barrio Sésamo. Toda su carrera fue un pulso contra la solemnidad del arte.
El propio artista dejó instrucciones precisas para recrear la pieza. Su indicación era tan seria como absurda:
La mantequilla debía aplicarse de la manera más lisa y monótona posible, y la obra no debía contemplarse con ningún propósito educativo.
Arte conceptual o la merienda más cara del mundo
La gracia del Pindakaasvloer es justo esa: obligarte a decidir si estás ante una genialidad o ante el desayuno más caro jamás servido. Schippers pertenecía a esa estirpe de creadores que transforman lo cotidiano en arte, en la línea de las esculturas que parecen aperitivos o del pollo frito con aspecto de cristal.
Eso sí: por muy apetecible que resulte, esta vez toca mirar y no tocar. Ni una cucharadita. Vía Smithsonian Magazine.




