Un voluntario limpiaba unos humedales de Nueva Jersey y encontró una botella sellada. Dentro, la disparatada nota que una niña escribió en 1973…
Un voluntario que limpiaba unos humedales del sur de Nueva Jersey se topó este verano con una botella de cristal sellada, medio enterrada entre las cañas. Dentro no había un tesoro pirata, sino una nota escrita a mano el 20 de agosto de 1973: llevaba 53 años esperando a que alguien la leyera.
La firmaba una niña de nueve años y su contenido es una pequeña joya del humor infantil. El océano tiene esa costumbre de guardar cosas y devolverlas cuando menos lo esperas, desde basura de los años 60 hasta cartas con medio siglo a cuestas.
¿Qué decía el mensaje de la botella?
La autora se había inventado un secuestro de lo más rocambolesco. Traducida del inglés, la nota pedía auxilio así:
Esta botella quedó a la deriva el 20 de agosto de 1973 en la playa de la calle 2 de Ocean City, mientras mis captores me llevaban a una isla en alta mar del Atlántico. Avisad a mi familia de que una banda de despiadados pescadores de esponjas me obliga a bucear para ellos en aguas infestadas de tiburones. ¡Puede que me hayáis salvado la vida! Gracias. Laurie Blair.
Ni rastro de angustia real: era el típico juego de una tarde de playa, con aires de novela de aventuras y un punto de guasa que ha aguantado mejor que el propio corcho.
¿Quién escribió la nota y cómo apareció su familia?
Laurie Blair tenía nueve años aquel verano de 1973. Estaba en la playa de Ocean City con su hermana Allie cuando su madre les propuso el plan clásico de lanzar un mensaje al mar. Allie hizo de secretaria, Laurie firmó, y la botella emprendió un viaje que resultó mucho más largo de lo previsto.
Quien la rescató fue John Kauterman, cofundador de la organización ecologista The Tidelands Initiative, durante una limpieza rutinaria de los humedales de Upper Township. Al leer la nota, publicó una foto en Facebook para localizar a la autora y la red hizo el resto: el mensaje acabó llegando a la hermana de Laurie.
El reencuentro tuvo, eso sí, un poso agridulce. Laurie falleció de cáncer en 2017, así que no llegó a ver reaparecer su travesura. Su hermana pidió quedarse con la carta para conservarla en casa, medio siglo después de escribirla entre risas.
No es la primera vez que el mar devuelve un recado con décadas de retraso —ya contamos aquí la botella de la Gran Guerra que tardó 109 años en aparecer—, pero pocas guardan tanto cariño como una broma de cría que terminó siendo el último saludo de toda una familia.
Vía UPI.




