El examen de Edison que solo superaron 32 de 718 aspirantes

Aspirante agobiado del siglo pasado ante el examen de contratación imposible de Thomas Edison
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Imagina presentarte a una entrevista de trabajo y que, en lugar de preguntarte por tus virtudes y defectos, te suelten un cuestionario de 146 preguntas con joyas como de qué madera se fabrican los barriles de queroseno o dónde está la presa de Asuán. Bienvenido al método de contratación de Thomas Edison, el inventor que despreciaba los títulos universitarios y prefería medir lo que de verdad llevabas en la cabeza.

Corría 1921 y conseguir un puesto en las fábricas de Edison era un chollo. Para colarse había que pasar su examen personal: una batería de preguntas de cultura general diseñada para descartar a quienes, según él, tenían la cabeza llena de teorías y vacía de datos útiles.

146 preguntas sobre absolutamente todo

El test saltaba de la geografía a la química y de la cocina a la ingeniería, sin orden ni piedad. Edison nunca lo publicó, pero los aspirantes que pasaron por su despacho fueron reconstruyendo de memoria algunas de las perlas:

  • ¿De qué madera se hacen los barriles de queroseno?
  • ¿Dónde está la presa de Asuán?
  • Nombra tres venenos potentes.
  • ¿De dónde sacamos las ciruelas pasas?
  • ¿En qué ciudades se fabrican sombreros y zapatos?

El resultado fue una escabechina. De los 718 aspirantes que se enfrentaron al cuestionario, solo 57 alcanzaron el aprobado del 70 % y apenas 32 rozaron el 90 % que Edison consideraba digno. No era pura manía: venía de una época que premiaba el ingenio práctico, la misma que parió rarezas como el navegador de papel de los años 30.

Retrato de Thomas Edison en su vejez, sentado y vestido con traje oscuro, chaleco y pajarita
Thomas Edison hacia 1922. Foto: Bachrach Studios (dominio público).

«Una prueba de la memoria de un hombre y de su reserva de información variada, más que de su conocimiento, su razonamiento o su inteligencia», sentenció The New York Times en 1921.

El día que Einstein se quedó en blanco

La prueba se convirtió en fenómeno nacional y la prensa quiso saber qué opinaba el genio del momento. Cuando un periodista le lanzó a Albert Einstein una de las preguntas estrella —la velocidad del sonido—, el padre de la relatividad reconoció que no la recordaba de memoria, porque «se puede encontrar en cualquier libro de texto». La anécdota bastó para alimentar el mito de que ni Einstein habría superado el examen.

El debate de fondo sigue intacto un siglo después: ¿acumular datos es lo mismo que ser inteligente? Quizá Edison confundía la cultura general con esa sabiduría popular que todos damos por cierta. Su examen encaja, en cualquier caso, en la misma colección de rarezas históricas que nos recuerdan lo extraño que era el pasado. Hoy, con un buscador en el bolsillo, aprobarlo sería pan comido. ¿O no te atreverías?

Vía Neatorama y Smithsonian Magazine.