
En una acera del centro de Grand Junction (Colorado, Estados Unidos) hay un hombre de bronce metido en una bañera con patas, escribiendo sobre una tabla cruzada de lado a lado. No es la gamberrada de un artista urbano: desde 2007, esa escultura homenajea al guionista Dalton Trumbo, que pulía sus guiones exactamente así, dentro del baño.
La obra es del escultor J. Michael Wilson, se instaló el 13 de octubre de 2007 en plena Main Street, delante del histórico teatro Avalon, y fue la primera de Legends of the Grand Valley, la serie de bronces dedicada a los vecinos ilustres de la ciudad. Detrás hubo patrocinadores y un comité de vecinos con nombre propio: el Comité de Reconocimiento Histórico Dalton Trumbo, al que en la ciudad llaman The Dalton Gang.
¿Por qué escribía Dalton Trumbo en la bañera?
Por la espalda. Trumbo arrastraba dolores crónicos y descubrió que dentro del agua aguantaba horas repasando guiones. En su casa era una escena tan cotidiana que en 1969 su hija Mitzi Trumbo, entonces de 23 años y luego fotógrafa conocida, acabó retratándola. De esa imagen salió el modelo de la estatua.
¿Quién era el hombre de la bañera?
Trumbo nació en Montrose en 1905 y se crio en Grand Junction, donde siendo aún estudiante de instituto ejercía de reportero novato en el Grand Junction Daily Sentinel: le tocaban los juzgados, el instituto, la funeraria y las asociaciones de vecinos. Acabó siendo uno de los guionistas mejor pagados de Hollywood, hasta que en 1947 se negó a declarar ante el Comité de Actividades Antiamericanas. Fue uno de los Diez de Hollywood: lo condenaron a un año de cárcel por desacato al Congreso, cumplió diez meses en la prisión federal de Ashland (Kentucky) entre junio de 1950 y abril de 1951, y salió a una lista negra que lo dejó sin poder firmar.
Siguió escribiendo de tapadillo, con seudónimos y con colegas que le prestaban el nombre. De ahí el detalle más marciano de su biografía: ganó dos Óscar al mejor argumento que en su día no pudo recoger. El de Vacaciones en Roma figuró a nombre de Ian McLellan Hunter; el de The Brave One lo firmó un tal «Robert Rich». Una de las estatuillas se la entregaron en persona en 1975; la otra llegó en 1993, ya a manos de su viuda.
La lista negra empezó a resquebrajarse en 1960, cuando su nombre apareció por fin en los créditos de Éxodo y Espartaco.
¿Qué hace su estatua delante de un cine?
Trumbo murió en 1976. Tres décadas después, el pueblo que lo vio crecer le reservó el primer bronce de su paseo de leyendas y lo plantó justo delante de una sala de cine. Antes preguntaron a la familia, no fuera a ser que lo de la bañera les pareciera poco serio: les encantó. Y el homenaje funciona precisamente por lo poco solemne que es: no hay pedestal, ni pose heroica, ni caballo. Hay una bañera.
Pasa como con la escultura de Almaty que deja una mano suelta al aire o con la estatua más pequeña del mundo, dedicada a un mosquito: se recuerdan mucho mejor que cualquier prócer señalando el horizonte.
La mayoría de los monumentos retratan a alguien como le habría gustado pasar a la historia. Grand Junction prefirió retratar a Trumbo tal y como trabajaba de verdad: en remojo.
Vía Atlas Obscura y 95 Rock.
