El pueblo irlandés que planea levantar la estatua más pequeña del mundo a un mosquito asesino

El pueblo irlandés que planea levantar la estatua más pequeña del mundo a un mosquito asesino
La ciudad irlandesa de Cork planea erigir la estatua pública más pequeña del mundo en honor a un héroe inusual: el mosquito que supuestamente picó y mató de malaria al despiadado invasor inglés Oliver Cromwell. Una venganza histórica a tamaño miniatura.
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La ciudad de Cork, en Irlanda, está a punto de hacer historia en el mundo del arte urbano con una propuesta que mezcla humor negro, sed de venganza histórica y proporciones microscópicas. Un concejal ha lanzado la idea de erigir la que sería la estatua pública más pequeña del mundo. ¿El homenajeado? No es un rey, ni un político, ni un artista, sino un simple y molesto mosquito.

Montaje de un mosquito junto a un retrato de Oliver Cromwell

El insecto que cambió la historia (según la leyenda local)

No se trata de un insecto cualquiera. El concejal del Partido Verde, Oliver Moran, quiere rendir tributo a la criatura que, según cuenta la tradición popular en Cork, picó al infame invasor inglés Oliver Cromwell. Esta fatídica picadura habría infectado al militar con lo que entonces se conocía como «fiebre de Cork», un nombre antiguo para referirse a la malaria, enfermedad que acabaría enviándolo a la tumba años después.

Para entender el entusiasmo y la sorna detrás de esta propuesta, hay que revisar los libros de historia:

  • El villano: En el siglo XVII, Oliver Cromwell lideró brutales campañas militares en Irlanda para asegurar el control inglés.
  • El saldo: Sus invasiones acabaron con la vida de entre 200.000 y 600.000 personas, lo que suponía entre el 15% y el 40% de la población del país en aquella época.
  • El contraste: Mientras que en Inglaterra ostenta una estatua de héroe frente a la Cámara de los Comunes, en Irlanda es recordado como un auténtico y despiadado tirano.

«Sujétame la cerveza»: El origen de la extravagante idea

La chispa que encendió este peculiar proyecto surgió, cómo no, en las redes sociales. Moran relata que la idea nació debatiendo con internautas que estudiaban la figura de Cromwell desde una perspectiva exclusivamente británica. En medio del cruce de comentarios, un usuario se mostró francamente sorprendido de que el pueblo de Cork aún no hubiera levantado un monumento al pequeño insecto que mermó la salud de su archienemigo.

«Bueno, sujétame la cerveza. Esa es una gran idea para un monumento público», respondió el astuto concejal.

¿Dónde se colocaría esta obra maestra casi invisible?

Si la propuesta sigue adelante, las opciones de ubicación son tan creativas como la iniciativa misma. Actualmente, barajan colocar al diminuto héroe de bronce sobre un pedestal de piedra que, de forma muy conveniente, se encuentra vacío a las afueras del Ayuntamiento de Cork. De hecho, el concejal Moran tira de ironía y sugiere que podrían simplemente dejar el pedestal como está y decirle a los turistas despistados: «La estatua ya está ahí, ¿es que no la ves?».

Otra opción sobre la mesa es un antiguo fuerte del siglo XVII con asociaciones cromwellianas situado en pleno centro de la ciudad, para dotar al mosquito de un inmejorable contexto histórico.

Entre el rigor histórico y la justicia poética

Aunque los historiadores más aguafiestas y los epidemiólogos podrían llevarse las manos a la cabeza —Cromwell murió de malaria años después de salir de Cork y es a todas luces imposible rastrear a su zancudo asesino—, el concejal defiende que ponerse estrictos con los hechos le quitaría toda la gracia al asunto.

Al final del día, el monumento busca celebrar una narrativa mucho más profunda sobre el equilibrio del universo. En palabras de su creador, se trata de una historia sobre «la caída de los tiranos y sobre cómo los poderosos pueden ser derribados por algo minúsculo». Toda una lección de humildad y una victoria moral, patrocinada por un simple mosquito irlandés.