Imagínate que te juegas el puesto a acertar en qué minuto exacto la Luna va a empezar a morder el Sol. El 21 de junio de 1629 la corte imperial china convirtió un eclipse en un examen: tres equipos rivales de astrónomos entregaron por adelantado sus cálculos de cuándo empezaría, cuánto duraría y qué parte del Sol quedaría tapada. Después se comprobó quién se había acercado más.
¿Por qué la corte china montó un concurso para predecir un eclipse?
Porque el calendario chino no era un asunto de oficina, sino una prerrogativa del emperador. Fijar los días, las estaciones y los eclipses formaba parte de gobernar, y un fallo del negociado de astronomía dejaba en evidencia a la corte entera.
Así que el emperador Chongzhen, el último de la dinastía Ming, zanjó la discusión por la vía práctica: que cada escuela predijera el mismo eclipse y se viera. Cuatro siglos después seguimos buscando maneras nuevas de vivirlos, como el eclipse traducido a flauta y clarinete para personas ciegas de este mismo agosto.
¿Quién ganó el duelo del 21 de junio de 1629?
Compitieron tres escuelas. El Datong, el calendario tradicional chino. El Huihui, la astronomía de tradición islámica que llevaba generaciones integrada en la administración imperial. Y el método europeo que defendía Xu Guangqi (1562-1633), alto funcionario chino, converso al catolicismo y aliado de los jesuitas instalados en Pekín.

La corte dio por buena la predicción europea y el emperador puso a Xu Guangqi al frente de la reforma del calendario. Aunque conviene decirlo: entre los historiadores de la astronomía china el asunto no está zanjado. Cuando dos investigadores rehicieron las cuentas en 2020 en el Journal of Astronomical History and Heritage, comparándolas con una reconstrucción del eclipse elaborada en la NASA, presentaron su conclusión —que la predicción jesuita fue la más precisa— como una enmienda a la opinión establecida, no como su confirmación. Ninguna de las tres fue redonda, en todo caso.
¿Y qué pasó con el calendario nuevo?
Del encargo salió el Chongzhen lishu, el compendio que sistematizó la entrada de la astronomía europea en China: Copérnico, Kepler, Galileo, Tycho Brahe. En el equipo entraron los jesuitas Johann Schreck y Johann Adam Schall von Bell. Nada que envidiar, por cierto, al ingenio que los chinos ya se gastaban por su cuenta, capaces de perforar pozos de un kilómetro con cañas de bambú.
Xu Guangqi murió en 1633 sin ver la reforma terminada. Y el imperio que había encargado el calendario tampoco llegó a estrenarlo: los Ming cayeron en 1644 sin haberlo promulgado.
El calendario que llevaba el nombre del último emperador Ming acabó marcando los días de la dinastía que lo derrocó.
Fueron los Qing quienes lo sacaron adelante en 1645, rebautizado como calendario Shixian, con Schall von Bell dirigiendo la oficina astronómica imperial. Que es de lo que iba todo esto desde el principio: de quién tiene la potestad de decir qué hora es.
Vía MuyInteresante, con el estudio de di Serego Alighieri y Corsi (2020), la biografía de Xu Guangqi en MacTutor, la ficha del calendario Chongzhen y el repaso de Lü Lingfeng al pulso entre la astronomía europea y la china.

