Day Joyce llevó dos diarios en un campo de Hong Kong: uno de papel, escondido en unos pijamas, y otro cosido en su propia sábana de cama…
Day Joyce llevó dos diarios a la vez durante su cautiverio en Hong Kong. Uno era normal: hojas sueltas que escondía en unos pijamas chinos. El otro no había forma de arrugarlo ni de tirarlo, porque era su propia sábana de cama. Sobre ella fue bordando unos 1.100 nombres, signos y figuras, además de dos años de diario en clave. La sábana pasó por delante de los registros japoneses sin que nadie la mirara dos veces. Hoy está en el Imperial War Museum de Londres.
El campo, el Stanley Internment Camp, ocupaba el extremo sur de la isla de Hong Kong. Entre enero de 1942 y agosto de 1945 retuvo allí a unos 2.800 civiles no chinos —hombres, mujeres y niños— a los que la caída de la colonia británica dejó atrapados. Una de ellos era Daisy Mary Joyce, de soltera Sage y conocida como Day, bióloga del Departamento de Educación de Hong Kong, internada el 20 de enero de 1942.
¿Por qué bordar un diario en vez de escribirlo?
Porque una sábana no parece nada. Day fue cosiendo la tela durante años y la guardaba entre las mantas de su catre, invisible mientras el campo se registraba una y otra vez. El 16 de junio de 1942, cuando la trasladaron al hospital de St. Theresa’s, se la llevó cosida dentro de una manta doblada, con los pijamas al fondo de la cesta. Los japoneses registraron la cesta y dejaron pasar el contenido.
Ella le quitaba toda trascendencia:
No lo empecé con ningún propósito consciente en mente, ni lo continué con ninguna idea de posguerra. Era simplemente un registro de pensamientos secretos, mío, que me estabilizaba la mano y me ocupaba la mente.
¿Qué hay cosido en la sábana?
Es una sábana de matrimonio de unos dos metros y medio por dos, cubierta de bordados y aplicaciones. Ahí están los nombres de sus compañeros de internamiento, los nacimientos y las muertes, las actividades del campo y símbolos que solo ella sabía leer. En sus propias memorias, escritas en 1974 y recogidas por el archivo Gwulo, Day describe uno de esos recuadros: el apartamento 4 del bloque 4, en la primera planta, donde se repartían el espacio 37 hombres y mujeres. Dentro, su cuarto, el número 17, medía catorce por once pies —poco más de cuatro metros por tres—, tenía ventana a la veranda y está cosido a escala en la tela.

El mismo impulso de dejar constancia llevó a un millonario de Massachusetts a grabar sus máximas en rocas, y a la CIA a desmontar una sonda soviética en una noche para fotografiarla entera.

¿Dónde está hoy la sábana?
La aguja se quedó clavada en la tela donde dejó de coser al llegar la liberación, en 1945, y ahí sigue. La sábana y sus memorias llegaron al Imperial War Museum de Londres en 1975, el mismo año en que Day murió, y el museo las cataloga con la referencia EPH 3849. En mayo de 2009 la enseñó al público en la exposición temporal Captured: The Extraordinary Life of Prisoners of War, en su sede del norte, en Mánchester.
El significado de los parches, las firmas y los hilos se descifró seis décadas después, con sus memorias como clave. Como los niños polacos que acabaron al otro lado de Asia, es una de esas historias que casi no se cuentan: mil cien personas ordenadas por colores, esperando a que alguien supiera leerlas.
Vía Amusing Planet, con datos de Wikipedia, del archivo Gwulo, de la ficha de Daisy Mary Joyce y de la del campo de Stanley.




