El azul es el color que más se resiste en los fuegos artificiales

La molécula que da el azul se rompe si la llama se calienta de más. Por eso el cielo se llena de rojos y verdes y el azul sale siempre tímido…

0
0

La molécula que da el azul se rompe si la llama se calienta de más. Por eso el cielo se llena de rojos y verdes y el azul sale siempre tímido…

Piensa en el último castillo de fuegos que viste. El rojo, el verde y el dorado entraban sin pedir permiso. ¿Y el azul? Ahí estaba, pálido y como pidiendo perdón. No son tus ojos: es química.

El azul de la pirotecnia lo produce el cloruro de cobre(I), CuCl, una molécula que solo emite ese color dentro de una ventana de temperatura muy estrecha. Si la llama se queda corta, el azul apenas brilla; si se pasa de caliente, la molécula se rompe y el color desaparece.

¿Por qué el cobre necesita cloro para dar azul?

Con cobre a secas no vale: hace falta cloro en la llama para que se forme cloruro de cobre(I) en fase gaseosa, la molécula que emite en la banda del azul. Thomas M. Klapötke, catedrático de Química Inorgánica de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich y especialista en materiales energéticos, lo resumió así:

Las llamas azules son especialmente difíciles de producir. Tradicionalmente se han generado usando cobre o compuestos que contienen cobre en combinación con una fuente de cloro.

Nueve llamas de colores alineadas sobre botes metálicos: rosa, naranja, amarillo, verde, azul turquesa y violeta, según el compuesto que arde
Sales metálicas y otros compuestos disueltos en metanol, ardiendo sobre algodón. La séptima llama es cloruro de cobre; el CuCl que da el azul se forma dentro de la llama. Foto: Hegelrast, CC BY-SA 4.0.

¿Qué pasa cuando la llama se calienta de más?

Que el cobre y el cloro se separan. Los átomos sueltos de cobre emiten débilmente en el verde, y el óxido y el hidróxido tiran a verde amarillento y rojo anaranjado. El azul, lavado. John A. Conkling, treinta años director técnico de la Asociación Estadounidense de Pirotecnia y catedrático emérito de Química en el Washington College, lo comparó con un concurso de televisión:

Es un poco como jugar a The Price is Right, porque según subes la temperatura de la llama los colores son cada vez más brillantes, pero si te pasas de caliente destruyes la especie [metálica] que está emitiendo el color y lo que te queda es un blanco deslavado.

«Tienes que equilibrar», remataba Conkling, fallecido en 2021. El rojo y el verde tampoco salen solos —sus emisores también se oxidan, y por eso esas mezclas se formulan con poco oxígeno a propósito—, pero ahí el margen es mucho más ancho. Hay quien esquiva el problema y lanza fuegos artificiales de día, con humo en lugar de llama.

¿Se puede conseguir un azul mejor?

En 2014, Klapötke, Magdalena Rusan y Jesse J. Sabatini, del Ejército de Estados Unidos, publicaron en Angewandte Chemie una fórmula azul sin nada de cloro, montada alrededor del yoduro de cobre(I). Arde más brillante que las bengalas azules convencionales, es menos sensible al impacto, a la fricción y a la descarga electrostática, y se deshace de los percloratos, la parte fea de la receta.

«Nuestro nuevo colorante sin cloro podría revolucionar la fabricación de fuegos artificiales y de bengalas de señalización azules […], porque permite producir fuegos artificiales más respetuosos con el medio ambiente», dijo Klapötke en el comunicado con el que su universidad presentó el trabajo.

La revolución va despacio: Ernst-Christian Koch avisó ya entonces del precio prohibitivo del yodato de cobre, y el grupo siguió probando, como con el bromuro de cobre(I) en 2015. Así que ya sabes a quién culpar del azul mustio de las fiestas del pueblo: no al pirotécnico, sino a una molécula que se deshace justo cuando la fiesta se pone interesante. Como el detalle que explica por qué no recuerdas nada de antes de los tres años o el que permite usar tornados de fuego contra los vertidos.

Vía LMU Múnich, Chemistry World, Nautilus, Pyrotechnic colorant y Gizmodo.

Foto de portada: Standard2211, CC BY-SA 3.0.