Se lo llevaron a la tumba, a los pies del ataúd de roble: armazón de fresno y asiento de piel de nutria. Es el único entero de la Edad del Bronce…
Sacas la silla plegable del maletero, la abres de un golpe de muñeca y te sientas. Ahora quítale el aluminio y el nailon, ponle madera de fresno y un asiento de piel de nutria, y retrocede unos treinta y cuatro siglos. La escena es sospechosamente parecida.
El taburete plegable de Guldhøj es el único mueble de la Edad del Bronce europea que se conserva completo, que se sepa. Apareció en 1891 en un túmulo funerario del sur de Jutlandia (Dinamarca), colocado a los pies de un hombre enterrado en un ataúd de roble, y hoy se expone en el Museo Nacional de Dinamarca. No tiene respaldo: son dos armazones de madera cruzados en tijera, exactamente el mismo mecanismo que usa hoy cualquier taburete de camping.
¿Por qué un taburete plegable era un símbolo de poder?
Un mueble de tijera no impresiona a nadie hasta que piensas en lo que exige montarlo sin una sola pieza de metal. En la Edad del Bronce nórdica era un objeto de prestigio: según el Museo Nacional de Dinamarca, marcaba el alto rango de quien se sentaba en él en las ceremonias y era un símbolo de dignidad que solo unos pocos tenían permitido usar.
La idea tampoco nació en Jutlandia. En el Mediterráneo los taburetes plegables ya eran símbolo de poder, y el mismo museo cuenta que en Egipto el asiento solía forrarse con fina piel de cabra. En el de Guldhøj se eligió la nutria. Todo ello milenios antes de que montar un mueble en casa se convirtiera en un deporte de riesgo con llave Allen.

¿Qué había dentro del ataúd de roble?
El armazón es de fresno y lleva incisiones geométricas rellenas con una sustancia negra parecida a la brea, una especie de taracea prehistórica. Del asiento de piel de nutria solo ha sobrevivido un trozo.
El resto del ajuar tampoco estaba mal: entre otras cosas, una daga de bronce, un hacha, un alfiler, dos cuencos de madera, una caja de corteza y una cuchara de cuerno. Los anillos de la madera del ataúd lo fechan en torno al año 1389 a. C., según el museo, que sitúa el taburete algo antes todavía. Dinamarca tiene esa costumbre de devolver cosas así: hace poco aparecieron kilos de plata vikinga bajo el jardín de una casa.
Es el único mueble de la Edad del Bronce europea que ha llegado entero hasta nosotros, y venía con el asiento forrado de piel de nutria.
¿Cómo acabó convertido en un clásico del diseño danés?
Aquí llega el giro. El ebanista danés Poul Hundevad tenía su fábrica de muebles en Vamdrup, el pueblo junto al que apareció el túmulo. Midió la pieza original, simplificó el estilo y la puso a fabricar en serie.
Su taburete «Guldhøj» salió en varias maderas y con asiento de cuero, y el propio Museo Nacional lo señala como una de las reinterpretaciones modernas de aquel diseño prehistórico. Se sigue fabricando y revendiendo en tiendas y subastas de vintage nórdico a precios que ya quisiera cualquier silla de camping, algo parecido a lo que le pasó al lápiz descatalogado que llegó a valer 40 dólares.
Treinta y cuatro siglos de diferencia y el mismo mueble. Hay diseños que no necesitan actualización.
Vía Live Science, el Museo Nacional de Dinamarca (el taburete, su valor como símbolo de estatus, las tumbas de Guldhøj, el asiento de nutria y sus versiones modernas), Trap Danmark y la ficha de Poul Hundevad. Imagen de portada: ilustración generada con inteligencia artificial.




