El terremoto de 7,8 que ocurrió a 650 kilómetros bajo Granada

El 29 de marzo de 1954 la tierra se rompió bajo un pueblo del Valle de Lecrín con magnitud 7,8. No hubo víctimas: el foco estaba a 657 kilómetros…

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El 29 de marzo de 1954 la tierra se rompió bajo un pueblo del Valle de Lecrín con magnitud 7,8. No hubo víctimas: el foco estaba a 657 kilómetros…

Imagina un terremoto de magnitud 7,8 justo debajo de tu pueblo. Y que a la mañana siguiente todo siga igual. Eso es lo que pasó en Andalucía el 29 de marzo de 1954: el mayor terremoto medido con instrumentos con epicentro bajo suelo español se produjo bajo Dúrcal, en el Valle de Lecrín granadino, y no dejó ninguna víctima. El truco no estaba en la fuerza, sino en la profundidad.

¿Por qué un terremoto de magnitud 7,8 no tiró ninguna casa?

Porque entre la roca que se rompió y las casas de Dúrcal había una barbaridad de planeta. El Instituto Geográfico Nacional sitúa el foco a 657 kilómetros de profundidad y le asigna magnitud 7,8; los catálogos internacionales lo colocan en torno a los 626. Las ondas llegaron arriba tan gastadas que el IGN cifra la intensidad máxima en grado V: se nota, tiembla la lámpara, no se viene abajo el pueblo. Su ficha resume el balance en dos palabras: víctimas, ninguna; daños, en casos aislados.

Según el IGN se sintió en toda Andalucía, en el norte de África, en Castilla-La Mancha e incluso en Madrid. La comparación la tiene la propia provincia: en 1884, el terremoto de Arenas del Rey, de magnitud en torno a 6,5 pero con el foco a poco más de diez kilómetros, alcanzó intensidad IX-X y dejó entre 750 y 900 muertos según el IGN. La magnitud mide la energía liberada; lo que te tira la casa es lo que llega arriba.

Barranco rocoso del río Dúrcal, con paredes de piedra clara y matorral mediterráneo en el fondo del cauce
El barranco del río Dúrcal, en el Valle de Lecrín. Foto: Gregorio Puga Bailón, CC BY-SA 2.0.

¿Cómo puede romperse una roca a 650 kilómetros de profundidad?

Esta es la parte que lleva décadas incomodando a los sismólogos. Ahí abajo la presión y el calor son tales que la roca debería deformarse despacio, como plastilina, no partirse de golpe. Para hacerse una idea: el pozo de sal de Zigong, abierto en 1835 con herramientas de bambú, llegó a mil metros; aquí hablamos de seiscientas veces esa marca.

La hipótesis con más recorrido apunta al olivino, el mineral que domina el manto. Dentro de una placa fría que se hunde puede aguantar en un estado inestable más allá de la profundidad que le tocaría y, al cambiar por fin de estructura cristalina, lo hace de golpe y abre una fractura. Un equipo japonés dirigido por Tomohiro Ohuchi reprodujo ese fallo en el laboratorio y lo publicó en Nature Communications en 2022, aunque ninguna teoría explica todavía todos los detalles, otro rompecabezas geológico de los que tardan un siglo.

¿Y qué hace una placa fría hundiéndose bajo Andalucía? Los únicos terremotos de esta profundidad de la península ibérica se localizan al sur de Granada, en el entorno del mar de Alborán. La explicación que manejan los geólogos —sin acuerdo unánime, avisa el IGN— es un fragmento de litosfera hundido desde ahí, frío y quebradizo.

¿Ha vuelto a temblar tan abajo?

Sí, y hace poco. La noche del 11 de abril de 2010, un terremoto de magnitud 6,3 se produjo a 623 kilómetros de profundidad, a trece kilómetros al sureste de Granada, sin causar daños. Y hay techo: por debajo de unos 700 kilómetros la sismicidad del planeta prácticamente desaparece, así que el de 1954 se rompió en el sótano del sótano.

El terremoto más potente medido bajo suelo español no derribó un solo pueblo, igual que el mayor meteorito intacto conservado en la Tierra no dejó cráter. En geología, el tamaño del golpe y el de la marca no siempre se parecen.

Vía Instituto Geográfico Nacional, Muy Interesante, Wikipedia, IGN (Béticas), EMSC y Nature Communications.

Foto de portada: Trougnouf (Benoit Brummer), CC BY 4.0.